sábado, 1 de diciembre de 2018

D.V . NOVENA A LA INMACULADA.



PRIMER DÍA 

Honrar a María con nueve actos de amor. 
Hagamos estos actos en el Querer Divino para poder poner sobre la Augusta Cabeza de nuestra Reina un sol esplendidísimo con toda la Plenitud de Gracia, de Luz y todo el bien que contiene la Divina Voluntad:

- En el primer acto
daremos a María todo el Amor del Padre.
- En el segundo
 el Amor del Hijo.
- En el tercero
 el Amor del Espíritu Santo.
- En el cuarto
 el Amor mismo de su Corazón de Madre.
- En el quinto
 el Amor de los Ángeles.
- En el sexto
 el amor de los Santos.
- En el séptimo
 el amor de todas las criaturas presentes.
- En el octavo
 el amor de todas las criaturas que vendrán.
- En el noveno
 el Amor de todo el Purgatorio.

 Jaculatoria: Oh, Trinidad Sacrosanta, enviad un flujo de vuestro Amor a mi corazón a fin de que se inflame todo de Amor, para formar con vuestro mismo Amor un Sol esplendidísimo sobre la Augusta Cabeza de nuestra Reina.
* * *
SEGUNDO DÍA 

Darle el Amor de toda la Creación así como de la Trinidad.
Dios, al crear el mundo, prodigó tantas bellezas que dejó por doquier la marca de su Potencia y esto lo hizo primero, para preparar una dulce morada a la Humanidad de Jesús que debía descender a la tierra y luego, para la Virgen, la criatura más pura, la más santa, la más bella después de Jesús.

 Nosotros, entremos en el Querer Divino, hagamos nuestro todo este Amor esparcido por Dios en la Creación, en el sol, en la luna, en las estrellas, en las flores..., y démoslo a la Virgen, a fin de que reciba no un amor natural, sino como si las Tres Divinas Personas la amaran en la naturaleza.

 Jaculatoria: Dios mío, infunde en mi corazón todo el Amor esparcido en lo creado, para que yendo a la Virgen le pueda dar todo el Amor y la gloria que pusiste en la Creación.

TERCER DÍA  

Darle la adoración de Dios y la nuestra.
En cuanto María fue concebida, ofreció sus primeras adoraciones.

En la concepción de María concurrieron las Tres Divinas Personas:
el Padre la inundó con un Mar de Santidad,el Hijo, con un Mar de Sabiduría y el Espíritu Santo, con un Mar de Amor.

De la unión de estos tres Mares salió María, la más perfecta entre todas las criaturas, y apenas concebida hizo su primer acto de adoración.

Junto con la dulce Mamá hagamos un giro en la Voluntad de Dios:
tomemos las adoraciones de todas las criaturas y en el vuelo de cada pensamiento, de cada mirada, de cada palabra, de cada rayo de sol, en el brillar de las estrellas y en el murmullo de las aguas, demos al Padre un acto continuo y completo de adoración.

 Jaculatoria: Mamá mía, por ese primer acto de adoración que le ofreciste a Dios, haz que mi mente, mi corazón, los afectos, los deseos y todo mi ser, de ahora en adelante, no sean más que un continuo acto de adoración.

CUARTO DÍA 

Ella ata al Trono del Padre su voluntad.
Después del acto de adoración, la Virgen, viéndose enriquecida con todos los dones de la Trinidad Sacrosanta, la Cual hacía competencia para llenarla de gracias, confundida se postró ante la Majestad Suprema y se ofreció a sí misma en acto de sacrificio, no reservándose nada para sí, ni un pensamiento, ni una mirada, ni una palabra, ni un afecto, ni un latido.  Después miró el mundo y viendo la ruina de tantas almas, se ofreció toda sí misma por la salvación de estas almas.

Y nosotros, desde la mañana, junto con la Mamá hagamos un giro en la Divina Voluntad ofreciendo nuestros pensamientos, las miradas, las palabras, etc., todos en espíritu de sacrificio y por la salvación de las almas.

Jaculatoria: Mamá mía, vengo a tus Pies, me arrojo en tus Brazos y Tú derrama en mi corazón todo tu Amor, de manera de infundirme amor al sacrificio de la mente, del corazón, de la voluntad y de todo mi ser.

QUINTO DÍA
Reparación por todos.
Después del acto de sacrificio, la Virgen dirigió una mirada al mundo y viendo el número ilimitado de las almas que se perdían y todo el mal cometido desde el primer hombre Adán hasta la última criatura, y teniendo ante Ella todas las generaciones pasadas, presentes y futuras, hizo su primer acto de reparación, el acto más completo porque abrazaba a todos y a cada pensamiento, mirada, palabra paso y afecto de todas las criaturas.
Nosotros, junto con la Mamá, fundidos siempre en el Divino Querer, haremos nuestros actos de reparación por todas las criaturas por cada pensamiento, por cada palabra, etc.

Jaculatoria: Mamá mía, toma mi corazón en tus Manos, estréchalo fuerte, fuerte, de modo de infundir en mí el verdadero espíritu de reparación.


SEXTO DÍA 

Ella hace oración continua en favor de todos.
Al ver las tantas ofensas que se cometen, la Virgen se sintió oprimir el Corazón por el dolor y desde entonces empezó su oración continua, ininterrumpida a favor de todos.
Nosotros, unámonos a la Mamá para hacer junto con Ella lo que hacía Ella, y así vincular de nuevo el Cielo y la tierra que la culpa había desunido.

Jaculatoria: Mamá mía, estréchame a tu Corazón Materno y con tus latidos infunde en mi corazón el espíritu de verdadera oración para impetrar de Dios que su Voluntad reine en todos los corazones.

SÉPTIMO DÍA 

Ella todo lo hizo en Divina Voluntad.
La Virgen, la más grande entre los santos, desde el primer instante de su Concepción no  dejó escapar ni un pensamiento, ni una mirada, ni una palabra, ni un suspiro, que no hiciera en la Divina Voluntad; Ella todo lo hizo en la Divina Voluntad.
Nosotros, hoy unamos nuestro pensamiento al Divino, nuestra mirada, nuestra palabra, nuestras acciones a las Divinas, y así formaremos otros rayos de sol para hacer resplandecer sobre la Augusta Cabeza de nuestra Reina.

Jaculatoria: Mamá mía, me uno a ti y haz que todo mi ser viva siempre en la Voluntad Divina.

OCTAVO DÍA

Agradecer al Padre desde Adán por darnos La Virgen.
Para llenar el vacío que ante la Majestad Suprema ha producido la falta de agradecimiento de parte de las criaturas por habernos dado una Madre tan grande preservándola de la culpa de origen, nosotros haremos nueve actos de agradecimiento en el Supremo Querer a nombre de todas las criaturas, desde Adán hasta la última que existirá sobre la tierra. Luego, nueve actos de agradecimiento a la Virgen por habernos aceptado como hijos, aunque ingratos a tanto favor.

 Jaculatoria: Mamá mía, Tú que eres la Plenitud de la Gracia, guárdala en mi corazón a fin de que pueda agradecer a Dios por haberte preservado de la culpa original.


NOVENO DÍA

Honrar las primeras Lágrimas que la Santísima Virgen derramó ante la Divinidad  y unir las nuestras por la conversión. 
Entonces Dios, al ver en Ella la pequeñez que lloraba, Ella, pequeña y grande, pequeña y fuerte, pequeña y luminosa, pero que de Ella todo depende, conmovido y enternecido fue cuando se decidió a hacer descender a su Hijo a la tierra.

Nosotros, hoy haremos un giro en la Divina Voluntad y por nueve veces recogeremos todas las lágrimas humanas que se han derramado, se derraman y se derramarán en la tierra hasta el fin del mundo y las llevaremos todas al regazo de la Mamá, a fin de que Ella las lleve ante la Majestad Suprema y las cambie todas en lágrimas de conversión y de Amor.

Jaculatoria: Mamá mía, tus lágrimas desciendan a mi corazón para que se enternezca y si es malo se convierta, si bueno, se santifique, y también desciendan en los corazones de las criaturas para que todas se conviertan.

DÍA DE LA FIESTA 

Agradecerle como Intercesora y darle la Gloria.

Hoy, por nueve veces honremos a María con agradecer a la Divina Voluntad por habérnosla dado como nuestra Reina, como nuestra Madre y como Intercesora.

Luego recemos nueve Glorias a los nueve coros de los Ángeles pidiéndoles que se unan con nosotros para dar a María toda la gloria creciente que la Divinidad contiene, y sumergiendo a todos los Ángeles y a todos los Santos en este Divino Querer demos a María toda la gloria que le conviene y que Le es debida.

Jaculatoria: Mamá mía, Reina de todos, reina y toma el dominio de todos y haz que todos Te reconozcan tal cual eres Tú.

Serafines
Querubines    Gobierno del Cielo
Tronos

Dominaciones
Virtudes    Gobierno del Universo
Potestades

Principados
Arcángel   Gobierno del Hombre
Ángeles


Vol. 15  08.12.1922  (3)

Prodigio de la Inmaculada Concepción.

Escribo por obedecer y ofrezco todo a mi dulce Jesús uniéndome al sacrificio de su obediencia para obtener la gracia y la fuerza de hacerla como El quiere.  Y ahora, ¡oh mi Jesús! dame tu santa mano y la luz de tu inteligencia y escribe junto conmigo.

Estaba pensando en el gran portento de la Inmaculada Concepción de mi Reina y Celestial Mamá y en mi interior he oído decirme:

“Hija mía, la Inmaculada Concepción de mi amada Mamá fue prodigiosa y del todo maravillosa, tanto que Cielos y tierra quedaron estupefactos e hicieron fiesta.  Las Tres Divinas Personas hicieron competencia:

El Padre desbordó un mar inmenso de Potencia; Yo, Hijo, desbordé un mar infinito de Sabiduría y el Espíritu Santo un mar inmenso de Eterno Amor, que confundiéndose en un solo mar formaron uno solo y en medio de este mar fue formada la Concepción de esta Virgen, elegida entre las elegidas. 

Así que la Divinidad suministró la sustancia de esta Concepción, y no sólo era centro de vida de esta admirable y singular criatura, sino que este mar estaba en torno, no sólo para tenerla defendida de todo lo que pudiera ensombrecerla, sino para darle a cada instante nuevas bellezas, nuevas gracias, potencia, sabiduría, amor, privilegios, todo.  

Así que su pequeña naturaleza fue concebida en el centro de este mar y se formó y creció bajo el influjo de estas olas divinas, tanto que apenas fue formada esta noble y singular criatura no quiso esperar como es su costumbre con las demás criaturas; quería sus abrazos, la correspondencia de su amor, sus besos, gozarse sus inocentes sonrisas, y por eso no apenas fue formada su Concepción le di el uso de razón, la doté de todas las ciencias, le hice conocer nuestros alegrías y nuestros dolores en relación a la Creación. 

Y desde el seno materno Ella venía al Cielo, a los pies de nuestro Trono para darnos los abrazos, la correspondencia de su amor, sus tiernos besos, y arrojándose en nuestros brazos nos sonreía con tal complacencia de gratitud, de agradecimiento de arrancar nuestras sonrisas.

  ¡Oh!, cómo era de bello ver a esta inocente y privilegiada criatura, enriquecida con todas las cualidades divinas, venir en medio de Nosotros toda amor, toda confianza, sin temor, porque solamente el pecado es lo que pone distancia entre Creador y criatura, rompe el amor, pierde la confianza e infunde temor. 

Así que Ella venía en medio de Nosotros como Reina, que con su amor, dado por Nosotros, nos dominaba, nos raptaba, nos ponía en fiesta y se hacía raptora de otro amor, y Nosotros la hacíamos hacer, gozábamos del amor que nos arrebataba y la constituimos Reina del Cielo y de la tierra.  

Cielo y tierra exultaron e hicieron fiesta junto con Nosotros por tener después de tantos siglos a su Reina, el sol sonrió en su luz y se creyó afortunado al deber servir a su Reina al darle la luz.  El cielo, las estrellas y todo el universo sonrieron de alegría e hicieron fiesta, porque debían alegrar a su Reina haciéndole ver la armonía de las esferas y de su belleza; sonrieron las plantas, pues debían nutrir a su Reina y también la tierra sonrió y se sintió ennoblecida al deber dar habitación y hacerse pisar por los pasos de su Emperatriz.

  Sólo el Infierno lloró y sintió perder las fuerzas del dominio, por esta Soberana Señora.

¿Pero sabes tú cuál fue el primer acto que hizo esta celestial criatura cuando se encontró la primera vez ante nuestro trono? 

 Ella conoció que todo el mal del hombre había sido la ruptura entre su voluntad y la de su Creador, y Ella tuvo  temblor y sin interponer tiempo de por medio, ató su voluntad a los pies de mi Trono, sin ni siquiera quererla conocer, y mi Voluntad se ató a Ella y se constituyó centro de vida, tanto que entre Ella y Nosotros se abrieron todas las corrientes, todas las relaciones, todas las comunicaciones, y no hubo secreto que no le confiamos.

Fue precisamente este el acto más bello, más grande, más heroico que hizo, el depositar su voluntad a nuestros pies, lo que a Nosotros, como raptados, nos hizo constituirla Reina de todos.  ¿Ves entonces qué significa atarse con mi Voluntad y no conocer la propia?

El segundo acto que hizo fue ofrecerse a cualquier sacrificio por amor nuestro.
El tercero fue restituirnos el honor, la gloria de toda la Creación, que el hombre nos había quitado al hacer su voluntad.  Y hasta desde el seno materno lloró por amor nuestro, porque nos vio ofendidos y lloró de dolor por el hombre culpable.  ¡Oh! cómo nos enternecían estas lágrimas inocentes y apresuraban la suspirada Redención.  

Esta Reina nos dominaba, nos ataba, nos arrancaba gracias infinitas, nos inclinaba tanto hacia el género humano que no podíamos ni sabíamos resistir a sus repetidas instancias.  ¿Pero de dónde le venía tal poder y tanta ascendencia sobre la misma Divinidad?  ¡Ah! tú lo has entendido, era la potencia de nuestro Querer que obraba en Ella, que mientras la dominaba la hacía dominadora de Dios mismo.  Y luego,  ¿cómo podíamos resistir a tan inocente criatura poseída por la potencia y santidad de Nuestro Querer?  Sería resistirnos a Nosotros mismos, Nosotros percibíamos en Ella nuestras cualidades divinas, como olas afluían sobre Ella los reflejos de nuestra santidad, los reflejos de los modos divinos, de nuestro amor, de nuestra potencia, etc., y nuestro Querer, que era su centro, atraía todos los reflejos de nuestras cualidades divinas y se hacía corona y defensa de la Divinidad habitante en Ella.  

Si esta Virgen Inmaculada no hubiera tenido el Querer Divino como centro de vida, todas las otras prerrogativas y privilegios de las cuales tanto la enriquecimos habrían sido una nada frente a eso.  Fue esto lo que le confirmó y le conservó tantos privilegios, es más, en cada instante le multiplicaba nuevos.

He aquí la causa por la qué la constituimos Reina de todos, porque cuando Nosotros obramos lo hacemos con razón, sabiduría y justicia, porque nunca le dio vida a su querer humano, sino que nuestro Querer fue siempre íntegro en Ella.  

¿Cómo podíamos decir a otra criatura: “tú eres Reina del Cielo, del sol, de las estrellas, etc.”, si en lugar de tener nuestro Querer por dominio fuera dominada por su querer humano?  Todos los elementos, cielo, sol, tierra, se habrían sustraído del régimen y dominio de esta criatura, todos habrían gritado en su mudo lenguaje: “No la queremos, no, somos superiores a ella, porque nunca nos hemos sustraído de tu Eterno Querer; tal como nos creaste así somos”,  habría gritado el sol con su luz, las estrellas con su centelleo, el mar con sus olas, y así todo lo demás.  

En cambio, como todos sintieron el dominio de esta Virgen excelsa, que casi como hermana suya no quiso conocer su voluntad sino sólo la de Dios, no sólo hicieron fiesta, sino que se sintieron honrados por tener su Reina y corrieron en torno a Ella para hacerle cortejo y tributarle sus homenajes, al ponerse la luna como escabel de sus pies, las estrellas como corona, el sol como diadema, los ángeles como siervos, los hombres igualmente esperando; todos, todos le rindieron honores y le hicieron sus homenajes.
No hay honor y gloria que no se pueda dar a nuestro Querer, sea que obre en Nosotros, en su propia sede, sea que habite en la criatura.

¿Pero sabes tú cual fue el primer acto que hizo esta noble Reina cuando saliendo del seno materno abrió los ojos a la luz de este bajo mundo?  Mientras Ella nació, los ángeles le cantaron canciones de cuna a la Celestial Niñita y Ella quedó extasiada, y su bella alma salió de su cuerpecito, acompañada por legiones angélicas, y giró por tierra y Cielo y fue recogiendo todo el amor que Dios había esparcido en todo lo creado, y penetrando en el Empíreo vino a los pies de nuestro Trono y nos ofreció la correspondencia del amor de todo lo creado y pronunció sus primeras gracias a nombre de todos.  

¡Oh! cómo nos sentimos felices al oír el gracias de esta Niñita Reina, y le confirmamos todas las gracias, todos los dones, para hacerla superar a todas las demás criaturas unidas juntas.
Luego, arrojándose en nuestros brazos se deleitó con Nosotros, nadando en el océano de todos los contentos, quedando embellecida de nueva belleza, de nueva luz y de nuevo amor, suplicó de nuevo por el género humano, pidiéndonos con lágrimas que descendiera el Verbo Eterno para salvar a sus hermanos, pero mientras esto hacía, nuestro Querer le hizo saber que bajara a la tierra y Ella de inmediato dejó nuestros contentos y las alegrías y partió, ¿para hacer qué cosa?  ¡Nuestro Querer!  

¡Qué potente imán era nuestro Querer habitante en la tierra en esta recién nacida Reina!  Ya no nos parecía extraña la tierra, no sentíamos más de  castigarla haciendo uso de nuestra justicia.

Teníamos la potencia de nuestra Voluntad que esta inocente niña nos despedazaba los brazos, nos sonreía desde la tierra y cambiaba la justicia en gracias y en dulce sonrisa, tanto, que no pudiendo resistir al dulce encanto, el Verbo Eterno apresuró su carrera.
¡Oh prodigio de mi Querer Divino, a Ti todo se debe, por Ti se cumple todo y no hay prodigio más grande que mi Querer habitante en la criatura!”
Vol. 16  08.12.1923  (30)

Sobre la Inmaculada Concepción de María.

Estaba pensando en la Inmaculada Concepción de mi Mamá Reina, y mi siempre amable Jesús, después de haber recibido la Santa Comunión, se hacía ver en mi interior como dentro de una estancia toda luz, y en esta luz hacía ver todo lo que había hecho en todo el curso de su Vida; se veían como alineados en orden todos sus méritos, sus obras, sus penas, sus llagas, su sangre, todo lo que contenía la Vida de un Hombre y Dios, como en acto de proteger a un Alma, a El tan querida, de cualquier mínimo mal que pudiese ensombrecerla.  Yo me asombraba al ver tanta atención de Jesús, y El me ha dicho:

“A mi pequeña recién nacida quiero hacerle conocer la Inmaculada Concepción de la Virgen, concebida sin pecado.  Pero primero tú debes saber que mi Divinidad es un acto solo; todos los actos suyos se concentran en uno solo, esto significa ser Dios, el portento más grande de nuestra Esencia Divina, no estar sujeta a sucesión de actos; y si a la criatura le parece que ahora hacemos una cosa y ahora otra, es más bien que hacemos conocer lo que hay en aquel acto solo, porque la criatura, incapaz de conocerlo todo de un solo golpe, se lo hacemos conocer poco a poco.  

Ahora, todo lo que Yo, Verbo Eterno, debía hacer en mi asumida Humanidad, formaba un solo acto con aquél acto único que contiene mi Divinidad.  Así que antes de que esta noble Criatura fuese concebida, ya existía todo lo que debía hacer en la tierra el Verbo Eterno, por lo tanto, en el acto en que esta Virgen fue concebida, se alinearon en torno a su Concepción todos mis méritos, mis penas, mi sangre, todo lo que contenía la Vida de un Hombre Dios, y quedó concebida en los interminables abismos de mis méritos, de mi sangre divina, en el mar inmenso de mis penas.
En virtud de ellos quedó inmaculada, bella y pura; al enemigo le quedó cerrado el paso por los incalculables méritos míos, y no pudo hacerle ningún daño.  

Era justo que quien debía concebir el Hijo de un Dios, debía primero ser Ella concebida en las obras de este Dios, para poder tener virtud de concebir al Verbo que debía venir a redimir al género humano; así que, Ella primero quedó concebida en Mí, y Yo quedé concebido en Ella.  No quedaba más que, a tiempo oportuno, hacerlo conocer a las criaturas, pero en la Divinidad estaba como ya hecho.  Por eso, la que más recibió los frutos de la Redención, más bien, tuvo el fruto completo, fue esta excelsa Criatura, que siendo concebido en Ella, amó, estimó y conservó como cosa suya todo lo que el Hijo de Dios obró sobre la tierra.  

¡Oh! la belleza de esta tierna pequeñita, era un prodigio de la gracia, un portento de nuestra Divinidad; creció como Hija nuestra, fue nuestro decoro, nuestra alegría, el honor y la gloria nuestra.”

Entonces, mientras mi dulce Jesús decía todo esto, yo pensaba en mi mente:  
“Es cierto que mi Reina Mamá fue concebida en los interminables méritos de mi Jesús, pero la sangre, el cuerpo, fueron concebidos en el seno de Santa Ana, la cual no estaba exenta de la mancha de origen; entonces, ¿cómo puede ser que nada heredó de los tantos males que todos hemos heredado por el pecado de nuestro primer padre Adán?”
  
Y Jesús: “Hija mía, tú no has entendido todavía que todo el mal está en la voluntad. 

 La voluntad arrolló al hombre, es decir, a su naturaleza, no la naturaleza arrolló a la voluntad del hombre, así que la naturaleza quedó en su lugar, tal como fue creada por Mí, nada cambió, fue su voluntad la que se cambió y se puso, nada menos, que contra una Voluntad Divina, y esta voluntad rebelde arrastró su naturaleza, la debilitó, la contaminó y la volvió esclava de vilísimas pasiones.  

Sucedió como a un recipiente lleno de perfumes o de cosas preciosas, si se vaciara de eso y se llenase de podredumbre o de cosas viles, ¿acaso cambia el recipiente?  Cambia lo que se pone dentro, pero él es siempre lo que es, a lo más se vuelve más o menos apreciable según lo que contiene; así fue del hombre.

Ahora mi Mamá, el ser concebida en una criatura de la raza humana, no le causó ningún daño porque su alma era inmune de toda culpa, entre su voluntad y la de su Dios no había división, las corrientes divinas no encontraban obstáculo ni oposición para derramarse sobre Ella, a cada instante estaba bajo el aguacero de nuevas gracias.
  Entonces, con esta voluntad y esta alma toda santa, toda pura, toda bella, el recipiente de su cuerpo que tomó de su madre quedó perfumado, rehabilitado, ordenado, divinizado, de modo de quedar exceptuada aun de todos los males naturales de los que está invadida la naturaleza humana.  

¡Ah! fue precisamente Ella la que recibió el germen del “Fiat Voluntas Tua” como en el Cielo así en la tierra, que la ennobleció y la restituyó a su principio, tal como el hombre fue creado por Nosotros antes de que pecara; es más, lo sobrepasó, la embelleció aún más a los continuos flujos de aquél Fiat que tiene sólo virtud de reproducir imágenes todas semejantes a Aquél que las ha creado, y en virtud de esta Voluntad Divina que obraba en Ella, se puede decir que lo que Dios es por naturaleza, Ella lo es por gracia. 

 Nuestra Voluntad todo puede hacer y a todo puede llegar cuando el alma nos da libertad de obrar y no interrumpe con su voluntad humana nuestro obrar.”

Vol.  31  09.10. 1932  (10)

Dios creó el hombre en un éxtasis de Amor.
 Sus obras fueron los preparativos para poder crear al hombre y quien gira en este conociéndole encuentra aquel Amor para amar a su vez al Creador.
 La Concepción de la Virgen Inmaculada fue un acto nuevo de la Divina Voluntad en el cual fue renovada toda la Creación.  
……
Después de esto, mi pequeña mente se movía en los actos hechos por la Divina Voluntad, y pasando de un acto al  otro, llegué a la Concepción de la Virgen Santísima.  OH Dios!
  Los cielos quedan mudos ante este acto completo de la Divina Voluntad; los ángeles parecen balbucientes, y por cuanto dicen, parece que no saben decir todo de este prodigio tan grande.
  Ah!  Solo Dios puede hablar, como autor del prodigio que obró en ésta Concepción. 

Y mientras yo permanecía súpita,  mi amable Jesús sorprendiéndome me ha dicho: "Hija mía, la Concepción de la Virgen Inmaculada fue un acto nuevo de nuestra Voluntad, nuevo en el modo, nuevo en el tiempo, nuevo en la gracia; en Ella fue renovada toda la creación.
En nuestra omnividencia e inmensidad, llamamos a todas las criaturas, todos sus actos buenos presentes, pasados y futuros como si fueran uno solo, para que sobre todos y sobre todo fuese formada ésta Concepción, para dar el derecho a todos, y darles el derecho no con las palabras, sino con hechos sobre todo.
  Cuando nuestra Voluntad hace un acto que debe servir al bien universal de todos, no pone a ninguno aparte, y haciendo uso de su omnipotencia reúne todo junto, criaturas y los actos de ellas, fuera del pecado, porque el mal no entra en los actos nuestros, y logra el acto que quiere hacer.
  Ves, tus actos también contribuyeron, pusiste tu parte, por eso con derecho eres su hija, y la Virgen Reina con derecho es tu Madre.  

¿Pero sabes porqué tuvimos este modo al sacar a la luz esta Santa Criatura?  Para renovar la Creación toda, para amarla con nuevo amor y para poner al seguro todos y todo, como bajo las alas de esta criatura y Madre Celestial.

  Nuestras obras no las hacemos nunca aisladas, sino que partimos siempre de nuestro acto único y sólo, y mientras es único une todo y hace todo como si fueran uno solo.  Es esta nuestra omnipotencia, nuestra fuerza creadora, en un sólo acto hacer todo, encontrar todo y hacer bien a todos". 



Vol.  35  12.08.1937 (19)

Sobre la Concepción de la Reina.  Su curso de Amor.  Donde se encontraba  su Creador se encontraba Ella para amarlo.  Cómo quedaba concebida en cada cosa creada y venía constituida Reina del Cielo, del sol y de todo.  

Hoy mi pobre mente, nadando en el Querer Divino, encontraba en acto la Concepción de la Reina del Cielo, y ¡Oh, las maravillas, las sorpresa, son indescriptibles!  Y pensaba dentro de mi: "¿Pero qué otra cosa se puede decir sobre la Inmaculada Concepción, después haber dicho tanto?"  Y mi amable Jesús, sorprendiéndome, todo en fiesta, como si quisiese festejar la Concepción de la Celestial Reina, me ha dicho:      

"Hija mía bendita, Oh cuántas otras cosas tengo que decir sobre la Concepción de esta Celestial criatura!
  Era una vida que creábamos, no una obra; de la obra a la vida hay una gran diferencia; y luego vida divina y humana, en la cual se debía tener un sumo acuerdo de santidad, de Amor, de Potencia, que la una debía poder igualar a la otra.  

Fueron tales los prodigios que hicimos al crear esta vida, que debimos hacer el prodigio más grande, y una cadena de milagros, para hacer que esta vida pudiese contener los bienes que en Ella depositamos.  

Esta Santa Criatura, concebida sin mancha original, sentía la vida de su Creador, su Voluntad obrante, la cual no hacía otra cosa que hacer surgir nuevos mares de Amor, y Oh, como nos amaba!  Nos sentía dentro de si y fuera de sí, y ¡Oh, como corría, para poderse encontrar por doquier y por todo, donde estaba la Vida de su Creador!  Para ella habría sido el más duro y acerbo martirio, si no pudiese encontrar todo para amarnos.
  Nuestra Voluntad la ponía en vuelo y nuestra vida, mientras estaba en sí, se hacía encontrar por todo para hacerse amar y para gozarse de aquella que tanto amaba y por la cual era correspondida.  

Ahora oye otra sorpresa; cuando fue Concebida comenzó su curso, y amándola Nosotros con Amor infinito -el no amarla hubiera sido también para Nosotros el más acerbo martirio-, por lo tanto, como recorría para encontrar fuera nuestra vida que poseía adentro - porque un bien no es nunca completo si no se posee adentro y afuera -, por lo tanto, como recorría, así quedaba concebida en el cielo, en las esferas celestes, las estrellas le hacían coro y la ensalzan y declaran como su Reina, y adquiría los derechos de Reina sobre todas las esferas celestes.

  Nuestra inmensidad la esperaba en el sol y ella corría y quedaba concebida en el sol, el cual, haciéndose diadema en su cabeza adorable, la revestía de luz y la ensalzaba como Reina de la luz.

  Nuestra Inmensidad y Potencia la esperaba en el viento, en el aire, en el mar y ella corría, corría, no haciendo nunca parada en su recorrido y quedaba concebida en el viento, en el aire, en el mar, y adquiría los derechos de Reina sobre todo.  

Así que la Soberana Señora hace discurrir su Potencia, su Amor, su maternidad en el cielo, en el sol, en el viento, en el mar, hasta en el aire que todos respiran.  

Así que por doquier y por todas partes y en todos quedó concebida; donde estaba nuestra Potencia e Inmensidad erigía su trono para amarnos y amar a todos.
  Esto fue el más grande milagro que hizo nuestro Amor Potente, bilocarla, multiplicarla en todas las cosas y seres creados, para que la encontrásemos en todos y por todas partes.  

La Celestial Reina hace como el sol, que si alguno no quiere su luz, la luz se impone y dice: "Si me quieres o si no me quieres, debo hacer mi curso, debo darte luz".

  Sin embargo alguno se puede esconder de la luz del sol, pero de la Soberana Señora no se puede esconder ninguno.  Si esto no fuese así, no se podría decir con los hechos, Reina y Madre Universal de todos y de todo; y Nosotros no sabemos decir palabras si no hacemos los hechos.  

¿Ves así pues dónde alcanzó nuestra Potencia, nuestro Amor en la Concepción de esta Santa Criatura?  Hasta elevarla a tal altura y gloria de poder decir: "Donde está mi Creador estoy Yo para amarlo.  Me ha revestido de tal Potencia y Gloria, que soy Soberana de todo.  Todo de Mi depende; mi dominio se extiende por doquier, tanto que, mientras estoy concebida en todas las cosas, tengo concebido en mi el cielo, el sol, el viento, el mar y todo, todo poseo en Mi, así mi Creador, y soy Soberana y dueña de todos.  Esta es toda mi altura incomparable, mi gloria que ninguno puede alcanzar, mi gran honor, que con mi Amor abrazo a todos, amo a todos y soy de todos, hasta la Madre de mi Creador". 



Vol.  36  12.08.1938  (43)

La Humanidad de Nuestro Señor servía de velo a su Divinidad, y a los prodigios del Querer Divino. 
 Todas las cosas creadas y la misma criatura son velos que encubren la divinidad.  La Inmaculada Concepción, renacimiento de todos.  

….Por lo cual he llegado a la Concepción de mi Madre Reina; cuántas maravillas!  
Y mi dulce Jesús, reanudando su decir, me ha dicho:          

"Hija mía bendita hoy es la fiesta de la Inmaculada Concepción, es la fiesta más bella, más grande para Nosotros y para el cielo y la tierra.  Nosotros, en el acto de llamar de la nada a esta Celestial Criatura, obramos tales prodigios y maravillas que cielos y tierra quedaron llenos; a todos llamamos, ninguno fue puesto aparte a fin de que todos quedasen renacidos junto con Ella.
  Así que fue el renacimiento de todos y de todo nuestro Ser Divino que desbordó tanto de Nosotros, que pusimos a su disposición en el acto de concebir, mares de Amor, de Santidad, de Luz con la cual podía amar a todos, hacer santos a todos y dar luz a todos; la Celestial Pequeñita sintió renacer en su pequeño Corazón un pueblo innumerable.  

Y nuestra Paterna Bondad, ¿qué hizo?  Primero hicimos don de Nosotros mismos, a fin que la gozásemos y cortejásemos, y Ella gozase y nos cortejase, y luego hicimos el don a cada criatura. 

 Oh, cómo nos amó y amó a todos con tal intensidad y plenitud que no hay punto en que no haga surgir su Amor!  La creación toda, el sol, el viento, el mar, está llena del Amor de esta Santa Criatura, porque también ella se sintió renacer con Ella a nueva gloria; mucho mas que tuvieron la gran gloria de poseer a su Reina; tanto que cuando Ella nos pide para el bien de su pueblo, Ella, con un Amor al cual no nos es dado resistir, nos dice:  "Majestad adorable, acuérdate que me donaste, yo soy vuestra y soy de ellos, por lo tanto con derecho debes escucharme"  




No hay comentarios.:

Publicar un comentario

VOLUMEN 11, 123 Y 124

 0:22 buenas noches queridos amigos bienvenidos a su programa libro del cielo 0:28 estamos en el libro 11 ahora nos toca la lectura 123 está...