Se conocía un cierto número de oraciones escritas por Luisa, segúnparece, como ayuda y guía para otras personas; es probable que lo hiciera también siguiendo indicaciones de los Confesores, los cuales, de hecho,
publicaron algunas en los libros de Luisa que hicieron (“Las Horas de la Pasión” y “La Reina del Cielo”). Otras han sido halladas, escritas por Luisa o copiadas por otros en estampitas.
Aquí recogemos otra clase de oraciones, que estan en las páginas de sus volúmenes y que son su modo espontáneo de orar.
Nos sirven como lección y modelo de oración en la Divina Voluntad y de relación con Jesús.
“Dulcísimo Amor mío, Te ofrezco estos movimientos de mi cuerpo que Tú mismo me has dado y todo lo demás que puedo hacer con la única finalidad de agradarte y
glorificarte. ¡Ah, sí! Quisiera también que los movimientos de los párpados de mis ojos,
de mis labios y de todo lo que soy los hiciera con el único fin de agradarte a Tí solo. Oh
buen Jesús, haz que todos mis huesos, mis nervios, resuenen entre ellos y con voces
claras Te declaren mi amor”. (Vol. 3°, 6.11.1899)
“¿Quieres alguna reparación? Hagámosla juntos; así mis reparaciones unidas a las tuyas producirán sus efectos, pues sólo las mías creo que Te disgustarían aún más”. Así
he tomado su mano ensangrentada, y besándola he dicho el:
“Laudate Dominum” con el
“Gloria Patri”,
Jesús una parte y yo la otra, para reparar tantas obras malas que se cometen, poniendo la intención de alabarlo tantas veces por cuantas ofensas recibe con las malas acciones.
¡Qué conmovedor era ver orar a Jesús!
Luego he seguido haciendo lo mismo con la otra mano, con la intención de alabarlo tantas veces por cuantas ofensas recibe por los pecados que son causa de otros.
Después los pies, con la intención de alabarlo tantas veces cuanto son los malos pasos y los malos senderos
recorridos, aun bajo aspecto de piedad y santidad.
Por último el corazón, con la intención de alabarlo tantas veces cuantas el corazón humano no palpita por Dios, no lo ama, no lo desea.
Mi amado Jesús parecía confortado del todo con esas reparaciones
hechas junto con El. (Vol. 4°, 5.1.1901).
“Ah, Señor, por todas las gotas de sangre y las lágrimas que derramaste, por todas
las espinas que sufriste, por cuantas heridas soportaste, tanta gloria quiero darte, por
toda la gloria que todas las criaturas hubieran debido darte, si no existiera el pecado de soberbia, y tantas gracias quiero pedirte en favor de todas las criaturas, para hacer que
ese pecado se destruya”… “Señor, toda la gloria que las criaturas deberían darte con la
boca y no Te dan, yo quiero dártela con la mía y pido para ellas que hagan un uso de la
boca bueno y santo, uniéndome siempre a tu misma boca, Jesús”. (Vol. 4°, 9/10.9.1901).
Habiendo recibido la Santa Comunión, estaba pensando a cómo ofrecer una cosa
más especial a Jesús, a cómo mostrarle mi amor y darle mayor gusto; y le he dicho:
“Queridísimo Jesús mío, Te ofrezco mi corazón para tu satisfacción y tu eterna alabanza, y Te ofrezco todo mi ser, hasta las mínimas partículas de mi cuerpo, como otros tantos
muros que pongo delante de Tí, para impedir toda ofensa que Te hagan, aceptando todas sobre mí, si fuera posible y como a Tí te guste, hasta el día del Juício; y ya que quiero que mi ofrecimiento sea completo y Te satisfaga por todos, quiero que todas las penas que tenga que soportar, recibiendo yo las ofensas que Te hagan, Te compensen por toda la gloria que habrían debido darte los Santos que estan en el Cielo cuando
estaban en la tierra, la que Te debían dar las almas del Purgatorio y la gloria que Te deben todos los hombres pasados, presentes y futuros; Te las ofrezco por todos en general y por cada uno en particular”. (Vol. 4°, 3.10.1901).
…Entonces yo, para aplacarlo, he hecho varios actos de contrición, pero parecía que a Jesús no le gustaba ninguno. Yo toda me preocupaba por hacerlos variados, para ver si acaso alguno le gustase; al final Le he dicho: “Señor, me arrepiento de las ofensas que Te he hecho yo y todas las criaturas de la tierra, y me arrepiento y lo siento por el solo motivo de haberte ofendido a Tí, Sumo Bien, que mientras mereces amor, nos hemos atrevido a hacerte ofensas”. (Vol. 4°, 4.4.1902)
“En todo momento, a todas las horas quiero siempre amarte con todo el corazón.
En todos los respiros de mi vida, respirando Te amaré;
en todos los latidos de mi corazón, amor, amor gritaré;
en todos los movimientos de mi cuerpo, sólo al Amor abrazaré.
Sólo de amor quiero hablar, sólo el amor quiero mirar, sólo al amor quiero escuchar, siempre en el amor quiero pensar. Sólo de amor quiero arder, sólo de amor me quiero consumir, sólo el amor quiero gustar, sólo el amor quiero acontentar. De solo amor quiero vivir y en el amor quiero morir; en todos los instantes, a todas las horas, todos al amor quiero llamar. Sola y siempre con Jesús y en Jesús siempre viviré, en su Corazón me hundiré y unida a Jesús, con su Corazón, Amor, Amor, Te amaré”. (Vol. 10°, 28.11.1910).
…No sé cómo, me he encontrado en la inmensidad del Querer Divino, en brazos de Jesús, y El hablaba como en voz baja, y yo lo iba repitiendo con El… Diré algo de lo que
decía, porque decirlo todo me resulta imposible. Recuerdo que en el Querer de Jesús veía todos sus pensamientos, todo el bien que nos había hecho con su inteligencia y
cómo de su Mente recibían vida todas las inteligencias humanas. Pero ¡oh Dios mío, qué abuso hacían de ella, cuántas ofensas!
Y yo decía:
“Jesús, multiplico mis pensamientos en tu Querer, para dar a cada pensamiento tuyo el beso de un Pensamiento Divino, una adoración, una acción de
gracias a Tí, una reparación, un amor de Pensamiento Divino, como si otro Jesús lo hiciera; y eso en nombre de todos y por todos los pensamientos humanos, pasados,
presentes y futuros, con intención de suplir incluso la inteligencia de las almas perdidas.
Quiero que la gloria de parte de todos sea completa y que ninguno falte a la llamada, y
lo que no hacen ellos lo hago yo en tu Querer, para darte gloria divina y completa”.
Después Jesús, mirándome, esperaba, como si quisiera un acto de reparación a sus
ojos; y he dicho:
“Jesús, me multiplico en tus miradas tantas veces cuantas Tú has mirado la criatura con amor;me multiplico en tus lágrimas, para llorar yo también por todas las culpas de las criaturas, para poder darte, en nombre de todos, miradas de
amor divino y lágrimas divinas, para darte gloria y reparación completa por todas las
miradas de todas las criaturas”.
Luego Jesús ha querido que a todo, a su boca, a su Corazón, a sus deseos, etc.
siguiera dándole la reparación, multiplicando todo en su Querer, y si dijera todo me
prolongaría demasiado; por eso sigo adelante… (Vol. 12°, 7.4.1919).
Ahora recuerdo que una noche estaba haciendo la adoración a mi Jesús Crucificado
y Le decía:
“Amor mío, en tu Querer encuentro todas las generaciones, y yo, en nombre
de toda la familia humana, Te adoro, Te beso, Te ofrezco reparación por todos. Tus
llagas, tu sangre se la doy a todos, para que todos encuentren su salvación. Y si las almas perdidas ya no pueden aprovechar tu preciosísima Sangre ni amarte, la tomo yo en su lugar, para hacer lo que deberían hacer ellas. No quiero que tu Amor quede defraudado en nada por parte de las criaturas; por todos quiero suplir, repararte,
amarte, desde el primero hasta el último hombre…”
Mientras decía eso y otras cosas, mi dulce Jesús me echó los brazos al cuello y abrazándome me dijo: “Hija mía, eco de mi Vida, mientras tú rezabas, mi Misericordia se endulzaba y mi Justicia perdía su aspereza, y no sólo en el tiempo presente, sino también en el tiempo futuro, porque tu oración quedará en acto en mi Voluntad y, gracias a ella, mi Misericordia endulzada correrá más abundante y mi Justicia será menos rigurosa. Y no sólo eso, sino que sentiré la nota del amor de las almas perdidas y mi Corazón sentirá por tí un amor de especial ternura, al hallar en tí el amor que me debían esas almas, y derramaré en tí las gracias que tenía preparadas para ellas”. (Vol. 12°, 6.12.1919).
Estaba rezando y con el pensamiento me fundía en el Querer Eterno, y presentándome
ante la Suprema Majestad decía: “Eterna Majestad, vengo a tus pies en nombre de toda la familia humana, desde el primero hasta el último hombre de las generaciones
futuras, presentes y pasadas, para adorarte profundamente. A tus pies quiero sellar las adoraciones de todos, vengo a reconocerte en nombre de todos como Creador y
dominador de todo; vengo a amarte por todos y por cada uno; vengo a darte la correspondencia de amor por todos y por cada cosa creada, en la que has puesto tanto
amor, que jamás la criatura hallará amor suficiente para corresponderte en amor; pero
yo en tu Querer encuentro este amor, y queriendo que mi amor, como los demás actos, sea completo, pleno y por todos, he venido por tanto en tu Querer, en el que todo es inmenso y eterno, y encuentro amor para poder amarte por todos. Por lo tanto, Te amo
por cada estrella que has creado, Te amo por cuantos rayos de luz y por cuanta intensidad de calor has puesto en el sol…” ¿Pero quién podrá decir todo lo que mi pobre
mente decía? Me prolongaría demasiado; por eso hago punto. (Vol. 12°, 9.1.1920).
“Jesús mío, quiero amarte y quiero tener tanto amor que sustituya el amor de todas las generaciones que han habido y que habrán. ¿Pero quién puede darme tanto amor que Te pueda amar por todos? Amor mío, en tu Querer está la fuerza creadora; por tanto, en
tu Querer yo misma quiero crear tanto amor que supla y supere el amor de todos y por todo lo que las criaturas tienen la obligación de dar a Dios como nuestro Creador…”
(Vol. 12°, 2.2.1921).
Me estaba fundiendo toda en el Santo Querer de mi dulce Jesús y le decía:
“Amor mío, entro en tu Querer y aquí encuentro todos los pensamientos de tu mente y todos los de las criaturas, y formo una corona con mis pensamientos y con los de todos mis hermanos en torno a los tuyos, y después los uno todos juntos, haciéndolos uno solo,
para darte el homenaje, la adoración, la gloria, el amor, la reparación de tu misma
inteligencia”. Y mientras decía eso, mi Jesús se ha movido en mi interior y levantándose ha dicho:
“Hija inseparable de mi Voluntad, qué contento estoy oyendo repetir lo que hacía mi Humanidad en mi Voluntad; y Yo beso tus pensamientos en los míos, tus palabras en las mías, tu palpitar en el mío”. (Vol. 13°, 6.9.1921).
“Vida mía, entro en tu Querer para poder extenderme en todos y en todo, desde el primero hasta el último pensamiento, desde la primera hasta la última palabra, desde la primera hasta la última acción y paso que se ha dado y que se dará. Quiero sellar todo
con tu Querer, para que de parte de todo recibas la gloria de tu Santidad, de tu Amor, de tu Omnipotencia, y todo lo que es humano quede cubierto, escondido, marcado por tu Querer, para que nada, nada quede de humano en que Tú no recibas gloria divina”.
(Vol. 13°, 8.11.1921).
Después estaba rezando, abandonándome del todo en el Querer de Jesús y, casi sin
pensar he dicho: “Amor mío, todo en tu Querer: mis pequeñas penas, mis oraciones, mi palpitar, mi respirar, todo lo que soy y puedo, unido a todo lo que eres Tú, para dar el crecimiento debido a los miembros del Cuerpo Místico”. (Vol. 13°, 11.1.1922).
…Después de eso, he comprendido que quería que entrase en el mar inmenso de su Voluntad, para que lo consolara del mar de las culpas de lascriaturas y yo,estrechándome más fuerte a El, he dicho: “Amado Bien mío, junto contigo quiero seguir todos los actos que hizo tu Humanidad en la Voluntad Divina. Adonde Tú llegaste,
quiero llegar yo también, para hacer que en todos tus actos encuentres también los míos;
de manera que, como tu Inteligencia recorrió en la Voluntad Suprema todas las inteligencias
de las criaturas, para dar al Padre Celestial la gloria, el honor, la reparación por cada pensamiento de criatura, en modo Divino, y sellar con la luz y con la gracia de tu Voluntad cada pensamiento de ellas, así también quiero yo recorrer cada pensamiento,
desde el primero hasta el último que tendrá vida en las mentes humanas, para repetir lo
que está hecho por Tí; es más, quiero unirlos a los de la Mamá celestial, que nunca se
quedó atrás, sino que siempre corrió contigo, y a los pensamientos que han tenido tus
santos”.
Al decir ésto último, Jesús me ha mirado y lleno de ternura me ha dicho: “Hija mía, en mi Voluntad eterna hallarás todos mis actos, como también los de mi Mamá, que encerraban en sí todos los actos de las criaturas, de la primera a la última que ha de
existir, como dentro de un manto; y ese manto estaba como formado por dos partes, una de las cuales se elevaba al Cielo para devolver al Padre mío, con una Voluntad Divina, todo lo que las criaturas debían, amor, gloria, reparación y satisfacción; la otra se
quedaba como en defensa y ayuda de las criaturas. Nadie más ha entrado en mi Voluntad Divina para hacer todo lo que hizo mi Humanidad.
Mis Santos han hecho mi Voluntad, pero no han entrado dentro para hacer todo lo que hace mi Voluntad y tomar como en una sola mirada todos los actos, desde el primer
hombre hasta el último, y hacerse actores, espectadores y divinizadores.
Con hacer mi Voluntad no se llega a hacer todo lo que mi eterno Querer contiene, sino que desciende a
la criatura limitado, en la medida que la criatura puede contenerlo. Sólo quien entra
en El se extiende, se difunde como luz solar en los eternos vuelos de mi Querer y,
encontrando mis actos y los de mi Mamá, añade el suyo.
Míra en mi Voluntad: ¿acaso hay otros actos de criatura multiplicados en los míos,
que llegan hasta el último acto que se ha de cumplir en esta tierra? Fíjate bien: no encontrarás ninguno. Eso quiere decir que nadie ha entrado. Sólo estaba reservado abrir las puertas de mi Eterno Querer a la pequeña hija mía, para unificar sus actos a los míos
y a los de mi Mamá y hacer todos nuestros actos triples ante la Suprema Majestad, en
favor de las criaturas. Ahora, habiendo abierto las puertas, pueden entrar otros, con tal
que se dispongan a un bien tan grande”. (Vol. 15°, 24.1.1923).
…Después le estaba diciendo a mi Jesús: “Házme rezar en tu Querer, para quemi palabra,multiplicándose en El, tenga por cada palabra de cada criatura una palabra
de plegaria, de alabanza, de bendición, de amor, de reparación. Quisiera que mi voz,
elevándose entre el Cielo y la tierra, absorbiera en sí todas las voces humanas, para
devolvértelas a Tí como homenaje y gloria, de la forma como Tú quisieras que la criatura
se sirviera de la palabra”.
Y mientras eso decía, mi amable Jesús ha puesto su boca junto a la mía y con su Aliento, soplando, absorbía mi aliento, mi voz, mi respiración en la Suya, y poniéndola en circulación en su Querer, recorría cada palabra humana y cambiaba las palabras, las voces, según yo había dicho; y recorriéndolas se elevaban en alto para cumplir el oficio
ante Dios en nombre de todos y por todas las voces humanas… (Vol. 15°, 2.4.1923).
Me sentía enteramente sumergída en el Divino Querer y le decía a Jesús:
“¡Ah, Te ruego que no me dejes salir nunca más de tu Stma. Voluntad; haz que piense, que hable, que obre, que ame siempre este tu amable Querer!” (Vol. 15°, 9.4.1923).
Estaba haciendo mi habitual adoración a mi Bien Crucifìcado, diciéndole: “Entro en
tu Querer, mejor dicho, dáme la mano e introdúceme Tú mismo en la inmensidad de tu
Voluntad, para que no haga nada que no sea efecto de tu Stmo. Querer”. Pero mientras
decía eso, pensaba yo: “¿Cómo, la Voluntad Divina está en todas partes, ya estoy en
Ella… y estoy diciendo: entro en tu Querer?”
Y mientras lo pensaba, mi dulce Jesús, moviéndose en mi interior, me ha dicho:
“Hija mía, y sin embargo es grande la diferencia entre quien reza o actúa porque mi Voluntad lo rodea y por su propia naturaleza se encuentra en todo, y quien por su
voluntad, conociendo lo que hace, entra en el ambiente divino de mi Voluntad para obrar
y orar…” (Vol. 15°, 21.6.1923).
Después he recibido la Santa Comunión, y yo, según mi costumbre, estaba llamando
y poniendo todas las cosas creadas en torno a Jesús, para que todas le hicieran corona y le dieran la correspondencia de amor y de homenajes debidos como a su Creador.
Todas han acudido a mi llamada y claramente veía todo el amor de mi Jesús hacia mí en todas las cosas creadas; y Jesús esperaba con tanta ternura de amor en mi corazón la correspondencia de mi amor. Y yo, sobrevolando sobre todo y abrazando todo, iba a los
pies de Jesús y le decía:
“Amor mío, Jesús mío, has creado todo por mí y me lo has dado, de manera que todo es mío, y yo te lo doy a Tí para amarte.
Por eso te digo en cada rayo de luz del sol Te amo;
en el tremolar de las estrellas Te amo; en cada gota de agua Te amo.
Tu Querer me hace ver hasta en el fondo del océano tu ‘Te amo’ por mí,
y yo imprimo mi ‘Te amo’ a Tí
en cada pez que nada en el mar; quiero imprimir mi ‘Te amo’en el vuelo de cada pájaro;
Te amo en todas las cosas, Amor mío.
Quiero imprimir mi ‘Te amo’ en alas del viento,
en el moverse de las hojas,
en cada llama de fuego,
Te amo por mí y por todos …”
Toda la creación estaba diciendo conmigo “Te amo”. Pero cuando quise abrazar todas las generaciones humanas en el Querer Eterno, para hacer que todas se postrasen
ante Jesús y todas hicieran su deber de decir en cada pensamiento, palabra, acto, “Te
amo” a Jesús, se me escapaban y yo me perdía y no sabía qué hacer.
Se lo he dicho a Jesús; y El me ha dicho: “Hija mía, y sin embargo eso es precisamente el vivir en mi Querer, traer toda la Creación ante Mí y en nombre de todos darme la correspondencia de sus deberes. Ninguno se te debe escapar, de lo contrario mi Voluntad encontraría vacíos en la Creación y no se quedaría satisfecha.
¿Pero sabes por
qué no encuentras a todos y muchos se te escapan? Es por la fuerza del libre albedrío.
Sin embargo quiero enseñarte el secreto, donde los puedes encontrar a todos: entra en
mi Humanidad y hallarás todos los actos de ellos como custodiados, por lo cual Yo me comprometí a satisfacer por ellos ante mi Padre Celestial, y tú vete siguendo todos mis actos, que eran los actos de todos; así encontrarás todo y me darás la correspondencia
de amor por todos y por todo. Todo está en Mí; habiendolos hecho Yo por todos, en Mí se encuentra depositado todo y le doy al Divino Padre el amor que se le debe por todo, y quien quiere se sirve de ello como medio y camino para subir al Cielo”.
Yo he entrado en Jesús y con facilidad he encontrado todo y a todos, y siguiendo lo
que Jesús hizo decía:
“En cada pensamiento de criatura Te amo ;
en el vuelo de cada mirada Te amo;
en cada sonido de palabra Te amo;
en cada pálpito,
respiro,
afecto,
Te amo;
en cada gota de sangre,
en cada obra y paso, Te amo…”
¿Pero quién puede decir
todo lo que yo hacía y decía? Muchas cosas no se saben decir; incluso, lo que se dice, se
dice muy mal, respecto a cómo se dice cuando se está junto con Jesús… Finalmente,
diciendo ‘Te amo’, me he hallado en mí misma. (Vol. 16°, 29.12.1923).
Yo emprendía el vuelo y Jesús seguía con su mirada mi vuelo; ¿pero quién puede
decir lo que yo hacía? En su Querer encontraba todo el amor que su Voluntad había de
dar a las criaturas y, no siendo recibido, quedaba suspendido esperando a que lo
aceptaran; y yo lo hacía mío y, abarcando todas las inteligencias creadas, por cada
pensamiento hacía un acto de amor, de adoración y de todo lo que cada inteligencia
debía dar a Dios; y abrazando todo en mí, como si pusiera a todos en mi regazo, me dirigía al Cielo para llevarlos al regazo del Padre Celestial y le decía:
“Padre Santo, vengo ante tu trono para traerte en mi regazo a todos tus hijos, tus amadas imágenes que Tú has creado, y volver a ponerlos en tu Seno divino, para que esa Voluntad cuya unión rompieron entre Tú y ellos, Tú la vincules y la ates a ellos de nuevo.
Es la pequeña Hija de tu Querer quien te lo pide; soy pequeña, es verdad, pero me comprometo a satisfacerte por todos. No me iré de tu trono si no me vinculas la voluntad humana con la Divina, de modo que llevándola a la tierra, el Reino de tu Querer baje a
la tierra. A los pequeños nada se les niega, porque lo que piden no es más que el eco de tu mismo Querer y de lo que Tú quieres”.
A continuación iba donde Jesús, que me esperaba en mi cuartito, y El me recibía en sus brazos, me colmaba de besos y caricias y me decía: “Pequeña mía, para hacer que el Querer del Cielo descienda a la tierra, es necesario que todos los actos humanos sean sellados y esmaltados de Voluntad Divina, de tal modo que el Supremo Querer, viendo que todos los actos de voluntad de las criaturas estan recubiertos con la Suya, atraído por el potente imán de su mismo Querer, descienda a la tierra a reinar. A tí por tanto se te ha dado esta tarea, como Hija Primogénita de nuestro Querer” (Vol. 16°, 6.12.1923).
ALGUNAS ORACIONES DE JESÚS
EN LOS ESCRITOS DE LUISA
…Después de eso, Jesús me ha hecho oír que pedía a su Padre por mí, diciendo:
“Padre Santo, Te pido por esta alma; haz que en todo cumpla perfectamente nuestra
Stma. Voluntad. Oh Padre adorable, haz que sus acciones sean tan conformes a las mías,
que no se puedan distinguir unas de otras y así poder realizar en ella lo que he establecido”. (Vol. 2°, 18.8.1899).
…Luego, retirándose Jesús a mi interior, he oído que oraba diciendo:
“Siempre Santa e indivisible Trinidad,
Os adoro profundamente,
Os amo intensamente,
Os doy las gracias perpetuamente por todos y en el corazón de todos”.
(Vol. 4°, 14.1.1902). Continuando mi habitual estado, sentía que en mi interior Jesús bendito oraba diciendo:
“Padre Santo, glorifica tu nombre, confunde a los soberbios y escóndete a ellos
y manifiéstate a los humildes, porque sólo el humilde Te reconoce como su Creador y se
reconoce como tu criatura”. (Vol. 4°, 9.3.1903).
Continuando mi habitual estado, oía a mio adorable Jesús, que oraba en mi interior diciendo:
“Padre Santo, Te pido que nuestra Voluntad sea una sola con la voluntad de
esta nuestra pequeña Hija de nuestro Querer. Ella es fruto legítimo de nuestro Querer;
por eso, haz que por el honor y el decoro de nuestra Voluntad Eterna nada salga de ella
que no sea fruto de nuestro Querer y que no conozca nada más que sólo nuestra
Voluntad; y para obtener eso Te ofrezco todos los actos de mi Humanidad, hechos en
nuestra adorable Voluntad”. (Vol. 15°, 5.6.1923).
…¡Qué hermoso y conmovedor era oír rezar a Jesús! Y como Lo estaba acompañando en el doloroso mistiero de la Flagelación, se mostraba diluviando sangre y oía
que decía:
“Padre mío, Te ofrezco esta Sangre mía; haz que cubra la mente de todas las criaturas y haga vanos todos sus malos pensamientos, apague el fuego de sus pasiones y
haga resucitar inteligencias santas. Que esta Sangre cubra sus ojos y sea un velo a su vista, para que no entren ellas por los ojos el gusto de los placeres malos y no se
manchen con el fango de la tierra. Que esta Sangre mía les cubra y les llene la boca, haciendo que sus labios estén muertos a las blasfemias, a las imprecaciones, a todas sus malas palabras. Padre mío, que esta Sangre mía cubra sus manos e infunda al hombre
terror de tantas acciones malvadas. Que esta Sangre circule en nuestra Voluntad Eterna para cubrir todos, para defender a todos y para ser arma de defensa en favor de las
criaturas ante los derechos de nuestra Justicia…” (Vol. 17°, 1.7.1924).

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