domingo, 25 de noviembre de 2018

OCTAVA HORA

El amor mendicante, gimiente y suplicante.

"Hija mía, no me dejes solo, apoya tu cabeza sobre el seno de mi amada Mamá, porque también desde afuera oirás mis gemidos, mis súplicas, y viendo que ni mis gemidos ni mis súplicas mueven a compasión de mi Amor a la criatura, me pongo en actitud del más pobre de los mendigos y extendiendo mi pequeña manita, pido por piedad, al menos a título de limosna sus almas, sus afectos y sus corazones. Mi Amor quería vencer a cualquier costo el corazón del hombre, y viendo que después de siete excesos de mi Amor permanecía reacio, se hacía el sordo, no se ocupaba de Mí ni se quería dar a Mí, mi Amor quiso ir más allá, debería haberse detenido, pero no, quiso salir más allá de sus límites y desde el seno de mi Mamá Yo hacía llegar mi voz a cada corazón con los modos más insinuantes, con los ruegos más fervientes, con las palabras más penetrantes. ¿Pero sabes qué les decía? "Hijo mío, dame tu corazón, todo lo que tú quieras Yo te daré con tal de que me des a cambio tu corazón, he descendido del Cielo para tomarlo, ¡ah, no me lo niegues! ¡No defraudes mis esperanzas!" 

Y viéndolo reacio y que muchos me volteaban la espalda, pasaba a los gemidos, juntaba mis pequeñas manitas y llorando, con voz sofocada por los sollozos le añadía: "¡Ay, ay! soy el pequeño mendigo, ¿ni siquiera de limosna quieres darme tu corazón?" ¿No es esto un exceso más grande de mi Amor, que el Creador para acercarse a la criatura tome la forma de un pequeño niño para no infundirle temor, y pida al menos como limosna el corazón de la criatura, y viendo que ella no se lo quiere dar ruega, gime y llora?" 

Después me decía: "¿Y tú no quieres darme tu corazón? ¿Tal vez también tú quieres que gima, que ruegue y llore para que me des tu corazón? ¿Quieres negarme la limosna que te pido?" 

Y mientras esto decía oía como si sollozara, y yo le dije: "Mi Jesús, no llores, te dono mi corazón y toda yo misma." Entonces la voz interna continuaba: "Sigue más adelante, y pasa al noveno exceso de mi Amor."

MEDITACIÓN Y ORACIÓN DEL OCTAVO EXCESO DE AMOR
El Anuncio del Reino

Jesús, vida de mi pobre corazón, tu amor no se detiene y  por eso regresas al Templo para darles a los pueblos el pan de tu divina palabra.

Mientras los grandes, los doctos no quieren reconocerte, he aquí que una muchedumbre de pobres, de ignorantes y de afligidos enfermos se estrecha en torno a ti, atraída por tus modos afables y dulces, por tu voz arrebatadora.

Mientras tú hablas ellos sienten que les hieres el corazón. Una vena de felicidad se abre en tu Corazón porque sientes que al menos puedes consolar, instruir y sanar a quienes son considerados el desecho de la sociedad; de este modo llegas a ser el amigo, el maestro, el médico piadoso de los pobres; para todos tienes palabras de alivio y no desprecias el tocarles sus miembros enfermos para sanarlos.

Jesús mío, tu Corazón paternal se siente oprimido fuertemente por el dolor de ver tantas miserias humanas, por eso vas sembrando milagros para llamar a tu Divina Voluntad a reinar entre las criaturas.

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

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