"Hija
mía, del amor devorante pasa a mirar mi amor obrante. Cada alma concebida me
llevó el fardo de sus pecados, de sus debilidades y pasiones, y mi Amor me
ordenó tomar el fardo de cada uno, y no sólo concebí a las almas sino las penas
de cada una, las satisfacciones que cada una de ellas debía dar a mi Celestial
Padre. Así que mi Pasión fue concebida junto conmigo. Mírame bien en el seno de
mi Celestial Mamá, oh como mi pequeña Humanidad era desgarrada, mira bien como
mi pequeña cabecita está circundada por una corona de espinas, que ciñéndome
fuerte las sienes me hace derramar ríos de lágrimas de los ojos, y no puedo
moverme para secarlas. Ah, muévete a compasión de Mí, sécame los ojos de tanto
llanto, tú que tienes los brazos libres para podérmelo hacer. Estas espinas son
la corona de los tantos pensamientos malos que se agolpan en las mentes
humanas, oh, como me pinchan más estos pensamientos que las espinas que produce
la tierra, pero mira qué larga crucifixión de nueve meses, no podía mover ni un
dedo, ni una mano, ni un pie, estaba aquí siempre inmóvil, no había lugar para
poderme mover un poquito, qué larga y dura crucifixión, con el agregado de que
todas las obras malas, tomando forma de clavos, me traspasaban manos y pies
repetidamente."
Y así continuaba
narrándome pena por pena todos los martirios de su pequeña Humanidad, y que
quererlas decir todas sería demasiado extenso. Entonces yo me abandonaba al
llanto, y oía decir en mi interior:
"Hija
mía, quisiera abrazarte pero no lo puedo hacer, no hay espacio, estoy inmóvil,
no lo puedo hacer; quisiera ir a ti pero no puedo caminar. Por ahora abrázame y
ven tú a Mí, y después cuando salga del seno materno iré Yo a ti."
Pero
mientras con mi fantasía me lo abrazaba, me lo estrechaba fuertemente a mi
corazón, una voz interior me decía:
"Basta
por ahora hija mía, y pasa a considerar el quinto exceso de mi Amor."
MEDITACION
Y ORACIÓN DEL CUARTO EXCESO DE AMOR
La
coronación de espinas
Coronado
Jesús mío, tus crueles enemigos hacen que te sientes, te echan encima un trapo
viejo de púrpura, toman la corona de espinas y con furia infernal te la ponen
sobre tu cabeza, y con un palo, a base de golpes, hacen que las espinas
penetren sobre tu frente, y parte de ellas se te clavan hasta en los ojos, en los
oídos, en el cráneo y hasta por detrás de la nuca.
Amor mío,
¿qué pena tan desgarradora e indescriptibles! ¡Cuántas muertes tan crueles
sufres! Tu sangre corre sobre tu rostro, de manera que ya no se ve más que
sangre; pero bajo esas espinas y esa sangre se puede ver todavía tu rostro
santísimo, radiante de dulzura, de paz y de amor.
Y los
verdugos, queriendo concluir la tragedia, te vendan los ojos, te ponen en la
mano una caña como si fuera un cetro y dan inicio a sus burlas. Te saludan cual
Rey de los judíos, te golpean la corona, te dan de bofetadas y dicen:
Adivina,
¡quién te ha golpeado?
Y tú callas….
Y tú callas….
1 Padre
Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria
JACULATORIA:
Jesús mío,
ábreme el corazón y enciérrate en él
para que
sienta más Tu Vida que la mía.

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