domingo, 25 de noviembre de 2018

CUARTA HORA


El Amor operante, que le renueva desde el primer instante las penas de la Pasión. 

"Hija mía, del amor devorante pasa a mirar mi amor obrante. Cada alma concebida me llevó el fardo de sus pecados, de sus debilidades y pasiones, y mi Amor me ordenó tomar el fardo de cada uno, y no sólo concebí a las almas sino las penas de cada una, las satisfacciones que cada una de ellas debía dar a mi Celestial Padre. Así que mi Pasión fue concebida junto conmigo. Mírame bien en el seno de mi Celestial Mamá, oh como mi pequeña Humanidad era desgarrada, mira bien como mi pequeña cabecita está circundada por una corona de espinas, que ciñéndome fuerte las sienes me hace derramar ríos de lágrimas de los ojos, y no puedo moverme para secarlas. Ah, muévete a compasión de Mí, sécame los ojos de tanto llanto, tú que tienes los brazos libres para podérmelo hacer. Estas espinas son la corona de los tantos pensamientos malos que se agolpan en las mentes humanas, oh, como me pinchan más estos pensamientos que las espinas que produce la tierra, pero mira qué larga crucifixión de nueve meses, no podía mover ni un dedo, ni una mano, ni un pie, estaba aquí siempre inmóvil, no había lugar para poderme mover un poquito, qué larga y dura crucifixión, con el agregado de que todas las obras malas, tomando forma de clavos, me traspasaban manos y pies repetidamente."

Y así continuaba narrándome pena por pena todos los martirios de su pequeña Humanidad, y que quererlas decir todas sería demasiado extenso. Entonces yo me abandonaba al llanto, y oía decir en mi interior:

"Hija mía, quisiera abrazarte pero no lo puedo hacer, no hay espacio, estoy inmóvil, no lo puedo hacer; quisiera ir a ti pero no puedo caminar. Por ahora abrázame y ven tú a Mí, y después cuando salga del seno materno iré Yo a ti."

Pero mientras con mi fantasía me lo abrazaba, me lo estrechaba fuertemente a mi corazón, una voz interior me decía:

"Basta por ahora hija mía, y pasa a considerar el quinto exceso de mi Amor."

MEDITACION Y ORACIÓN DEL CUARTO EXCESO DE AMOR 
La coronación de espinas

Coronado Jesús mío, tus crueles enemigos hacen que te sientes, te echan encima un trapo viejo de púrpura, toman la corona de espinas y con furia infernal te la ponen sobre tu cabeza, y con un palo, a base de golpes, hacen que las espinas penetren sobre tu frente, y parte de ellas se te clavan hasta en los ojos, en los oídos, en el cráneo y hasta por detrás de la nuca.

Amor mío, ¿qué pena tan desgarradora e indescriptibles! ¡Cuántas muertes tan crueles sufres! Tu sangre corre sobre tu rostro, de manera que ya no se ve más que sangre; pero bajo esas espinas y esa sangre se puede ver todavía tu rostro santísimo, radiante de dulzura, de paz y de amor.

Y los verdugos, queriendo concluir la tragedia, te vendan los ojos, te ponen en la mano una caña como si fuera un cetro y dan inicio a sus burlas. Te saludan cual Rey de los judíos, te golpean la corona, te dan de bofetadas y dicen:

Adivina, ¡quién te ha golpeado? 

Y tú callas….

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

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