domingo, 25 de noviembre de 2018

QUINTA HORA


El Amor abandonado en amarga soledad


Entonces la voz interior seguía: "Hija mía, no te alejes de Mí, no me dejes solo, mi Amor quiere compañía, este es otro exceso de mi Amor, el no querer estar solo. ¿Pero sabes tú de quién quiere esta compañía? De la criatura.


Mira, en el seno de mi Mamá, conmigo están todas las criaturas concebidas junto conmigo. Yo estoy con ellas todo amor, quiero decirles cuánto las amo, quiero hablar con ellas para decirles mis alegrías y mis dolores, para decirles que he venido en medio de ellas para hacerlas felices, para consolarlas, y que estaré en medio de ellas como un hermanito dando a cada una todos mis bienes, mi reino, a costa de mi muerte; quiero darles mis besos, mis caricias; quiero entretenerme con ellas, pero, ay, cuántos dolores me dan, quien me huye, quien se hace la sorda y me reduce al silencio, quien desprecia mis bienes y no se preocupan de mi reino y corresponden mis besos y caricias con el descuido y el olvido de Mí, y mi entretenimiento lo convierten en amargo llanto. ¡Oh, cómo estoy solo a pesar de estar en medio de tantos! 


¡Oh, cómo me pesa mi soledad! No tengo a quién decir una palabra, con quién hacer un desahogo de amor; estoy siempre triste y taciturno porque si hablo no soy escuchado. ¡Ah, hija mía, te pido, te suplico que no me dejes solo en tanta soledad! Dame el bien de hacerme hablar con escucharme, presta oídos a mis enseñanzas, Yo soy el maestro de los maestros. Cuántas cosas quiero enseñarte, si me escuchas me harás dejar de llorar y me entretendré contigo. ¿No quieres tú entretenerte conmigo?


MEDITACION Y ORACIÓN DEL QUINTO EXCESO DE AMOR  
La Agonía

En este Huerto todo es terror; todo es espanto y silencio profundo…. Pero, ¡Qué cambio tan terrible! Por eso me abrazo a sus pies y  haciéndome más audaz, me acerco a sus brazos, le pongo mi mano en la frente para sostenerlo, y en voz baja lo llamó: ¡Jesús, Jesús!

Y él: Hijo, ¿estás aquí? Te estaba esperando, y ésta era la tristeza que más me oprimía: el completo abandono de todos; y te estaba esperando a ti para hacer que fueras espectador de mis penas y que bebieras junto conmigo el cáliz de las amarguras que mi Padre Celestial me enviará dentro de poco por medio de un ángel; lo tomaremos juntos poco a poco, porque no será un cáliz de consuelo, sino de intensa amargura, y siento la necesidad de que algún alma que verdaderamente me ame beba de él al menos alguna gota…


Es por eso que te he llamado, para que tú la aceptes y compartas conmigo mis penas y para que me asegures que no me vas a dejar solo en tanto abandono.


1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria


JACULATORIA:


Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.


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