El Amor
abandonado en amarga soledad
Entonces la
voz interior seguía: "Hija mía, no te alejes de Mí, no me dejes solo, mi
Amor quiere compañía, este es otro exceso de mi Amor, el no querer estar solo.
¿Pero sabes tú de quién quiere esta compañía? De la criatura.
Mira, en el
seno de mi Mamá, conmigo están todas las criaturas concebidas junto conmigo. Yo
estoy con ellas todo amor, quiero decirles cuánto las amo, quiero hablar con
ellas para decirles mis alegrías y mis dolores, para decirles que he venido en
medio de ellas para hacerlas felices, para consolarlas, y que estaré en medio
de ellas como un hermanito dando a cada una todos mis bienes, mi reino, a costa
de mi muerte; quiero darles mis besos, mis caricias; quiero entretenerme con
ellas, pero, ay, cuántos dolores me dan, quien me huye, quien se hace la sorda
y me reduce al silencio, quien desprecia mis bienes y no se preocupan de mi
reino y corresponden mis besos y caricias con el descuido y el olvido de Mí, y
mi entretenimiento lo convierten en amargo llanto. ¡Oh, cómo estoy solo a pesar
de estar en medio de tantos!
¡Oh, cómo
me pesa mi soledad! No tengo a quién decir una palabra, con quién hacer un
desahogo de amor; estoy siempre triste y taciturno porque si hablo no soy
escuchado. ¡Ah, hija mía, te pido, te suplico que no me dejes solo en tanta
soledad! Dame el bien de hacerme hablar con escucharme, presta oídos a mis
enseñanzas, Yo soy el maestro de los maestros. Cuántas cosas quiero enseñarte,
si me escuchas me harás dejar de llorar y me entretendré contigo. ¿No quieres
tú entretenerte conmigo?
MEDITACION
Y ORACIÓN DEL QUINTO EXCESO DE AMOR
La Agonía
En este Huerto todo es terror; todo es espanto y silencio profundo…. Pero, ¡Qué cambio tan terrible! Por eso me abrazo a sus pies y haciéndome más audaz, me acerco a sus brazos, le pongo mi mano en la frente para sostenerlo, y en voz baja lo llamó: ¡Jesús, Jesús!
Y él: Hijo,
¿estás aquí? Te estaba esperando, y ésta era la tristeza que más me oprimía: el
completo abandono de todos; y te estaba esperando a ti para hacer que fueras
espectador de mis penas y que bebieras junto conmigo el cáliz de las amarguras
que mi Padre Celestial me enviará dentro de poco por medio de un ángel; lo
tomaremos juntos poco a poco, porque no será un cáliz de consuelo, sino de
intensa amargura, y siento la necesidad de que algún alma que verdaderamente me
ame beba de él al menos alguna gota…
Es por eso
que te he llamado, para que tú la aceptes y compartas conmigo mis penas y para
que me asegures que no me vas a dejar solo en tanto abandono.
1 Padre
Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria
JACULATORIA:
Jesús mío,
ábreme el corazón y enciérrate en él
para que
sienta más Tu Vida que la mía.

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