El Amor
sofocado y confinado en las tinieblas del pecado y de la ingratitud.
"Hija
mía, ven, ruega a mi amada Mamá que te haga un lugarcito en su seno materno, a
fin de que tú misma veas el estado doloroso en el cual me encuentro."
Entonces me
parecía con el pensamiento, que nuestra Reina Mamá, para contentar a Jesús me
hacía un pequeño lugar y me ponía dentro. Pero era tal y tanta la oscuridad que
no lo veía, sólo oía su respiro y Él en mi interior seguía diciéndome:
"Hija
mía, mira otro exceso de mi Amor. Yo soy la luz eterna, el sol es una sombra de
mi luz, pero ve adonde me ha conducido mi Amor, en qué oscura prisión estoy, no
hay ni un rayo de luz, siempre es noche para Mí, pero noche sin estrellas, sin
reposo, siempre despierto, ¡qué pena!, la estrechez de la prisión, sin poderme
mínimamente mover, las tinieblas tupidas; hasta el respiro, respiro por medio
del respiro de mi Mamá, ¡oh, cómo es cansado! Y además agrega las tinieblas de
las culpas de las criaturas, cada culpa era una noche para Mí, las que
uniéndose juntas formaban un abismo de oscuridad sin confines. ¡Qué pena! ¡Oh
exceso de mi Amor, hacerme pasar de una inmensidad de luz, de amplitud, a
una profundidad de densas tinieblas y de tales estrechuras, hasta faltarme la
libertad del respiro, y esto, todo por amor de las criaturas!"
Y mientras
esto decía gemía con gemidos sofocados por falta de espacio, y lloraba. Yo me
deshacía en llanto, le agradecía, lo compadecía, quería hacerle un poco de luz
con mi amor como Él me decía, ¿pero quién puede decirlo todo? La misma voz
interna agregaba:
"Basta
por ahora. Pasa al séptimo exceso de mi Amor."
MEDITACIÓN
Y ORACIÓN DEL SEXTO EXCESO DE AMOR
La
Transfiguración
Hija Mía.
En cuanto surge mi Voluntad, todos los actos humanos quedan investidos de luz,
toman su puesto de honor en mi Voluntad, cada uno recibe su especial tinte de
belleza y la vivacidad de los colores divinos, de modo que el alma queda
transfigurada y cubierta de una belleza indescriptible.
Conforme
surge el Sol de mi Voluntad pone en fuga todos los males del alma, quita el
sopor que han producido las pasiones, es más, ante la Luz del Fiat Divino, las
mismas pasiones besan aquella Luz y ambicionan convertirse en virtudes para
hacer homenaje a mi entera Voluntad. (Vol. 21, Marzo 22, 1927).
Por fin,
contemplando a Cristo y a su Madre en la gloria, ve la meta a la que cada uno
de nosotros está llamado, si se deja sanar y transfigurar por el Espíritu
Santo. De este modo, se puede decir que cada misterio del Rosario, bien
meditado, ilumina el misterio del hombre. (Carta Apostólica Rosarium Vergine
María (25) S.S. Juan Pablo II).
1 Padre
Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria
JACULATORIA:
Jesús mío,
ábreme el corazón y enciérrate en él
para que
sienta más Tu Vida que la mía.
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