domingo, 25 de noviembre de 2018

TERCERA HORA

El Amor devorador.

De la segunda meditación pasaba a la tercera y una voz interior me decía:

"Hija mía, apoya tu cabeza sobre el seno de mi Mamá, mira dentro de él a mi pequeña Humanidad. Mi Amor me devoraba, los incendios, los océanos, los mares inmensos del Amor de mi Divinidad me inundaban, me incineraban, levantaban tan alto sus llamas que se elevaban y se extendían por doquier, a todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, y mi pequeña Humanidad era devorada en medio de tantas llamas, ¿pero sabes tú qué cosa me quería hacer devorar mi eterno Amor? ¡Ah, a las almas! Y sólo estuve contento cuando las devoré todas, quedando todas concebidas conmigo; era Dios, debía obrar como Dios, debía tomarlas a todas; mi Amor no me habría dado paz si hubiera excluido a alguna. Ah hija mía, mira bien en el seno de mi Mamá, fija bien los ojos en mi Humanidad recién concebida y en Ella encontrarás a tu alma concebida conmigo y también las llamas de mi Amor que te devoraron. ¡Oh, cuánto te he amado y te amo!"

MEDITACION Y ORACIÓN DEL TERCER EXCESO DE AMOR 
La Anunciación

¡Ave, oh María, Reina nuestra! El Fiat Divino te ha llenado de gracia. El Verbo Divino ha ya pronunciado su Fiat y quiere venir, ya está detrás de mí; pero quiere tu Fiat para darle cumplimiento a su Fiat.

A un anuncio tan grande y tan anhelado por mí -aunque jamás había pensado que yo iba a ser la elegida-, me quedé asombrada y vacilé por un instante, pero el ángel del Señor me dijo:

¡No temas, Reina nuestra! ¡Tú has hallado gracia ante Dios! ¡Has vencido a tu Creador! Por eso para darle cumplimiento a la victoria pronuncia tu Fiat.

Yo pronuncié mi Fiat y, ¡oh, qué maravilla! Los dos Fiat se fundieron en uno sólo y el Verbo Divino descendió en mí; mi Fiat, que tenía el mismo valor que el Fiat Divino, formó con el germen de mi humanidad, la pequeña humanidad que iba a encerrar al Verbo Eterno, cumpliéndose así el gran prodigio de la Encarnación.

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

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