domingo, 25 de noviembre de 2018

NOVENA HORA

El Amor agonizante que quiere ser vencedor.

"Hija mía, mi estado es siempre más doloroso; si me amas, tu mirada tenla fija en Mí para que veas si puedes dar a tu pequeño Jesús algún consuelo, una palabrita de amor, una caricia, un beso, que dé tregua a mi llanto y a mis aflicciones. Escucha hija mía, después de haber dado ocho excesos de mi Amor, y que el hombre tan malamente me correspondió, mi Amor no se dio por vencido, y al octavo exceso quiso agregar el noveno, y este fueron las ansias, los suspiros de fuego, las llamas de los deseos de que quería salir del seno materno para abrazar al hombre, y esto reducía a mi pequeña Humanidad aun no nacida a una agonía tal, que estaba a punto de dar mi último respiro. Y mientras estaba por darlo, mi Divinidad que era inseparable de Mí me daba sorbos de vida, y así retomaba de nuevo la vida para continuar mi agonía y volver a morir nuevamente. Este fue el noveno exceso de mi Amor, agonizar y morir continuamente de amor por la criatura. ¡Oh, qué larga agonía de nueve meses! ¡Oh, cómo el amor me sofocaba y me hacía morir! Y si no hubiera tenido la Divinidad conmigo, que me daba continuamente la vida cada vez que estaba por morir, el amor me habría consumado antes de salir a la luz del día."

Después agregaba: "Mírame, escúchame como agonizo, como mi pequeño corazón late, se afana, arde; mírame, ahora muero."

Y hacía un profundo silencio. Yo me sentía morir, se me helaba la sangre en las venas y temblando le decía: "Amor mío, Vida mía, no mueras, no me dejes sola. Tú quieres amor y yo te amaré, no te dejaré más, dame tus llamas para poderte amar más y consumarme toda por Ti."

MEDITACIÓN Y ORACIÓN DEL NOVENO EXCESO DE AMOR
El Nacimiento

El pequeño Jesús, delirante de amor, está a punto de salir a la luz del día; sus ansias, sus ardientes suspiros y sus deseos de querer abrazar a la criatura, de hacerse ver y de mirarla para cautivarla, no le dan reposo; y como un día se puso a la vigía a las puertas del cielo para encerrarse en mi seno, así ahora está en acto de ponerse a la vigía a las puertas de mi seno, que es más que cielo, y el sol del Verbo Eterno surge en medio al mundo y forma en él su pleno mediodía

De manera que para las pobres criaturas ya no habrá noche, ni alba, ni aurora, sino siempre sol, más aún que en la plenitud del mediodía.

Hija mía, para quien vive de Voluntad Divina todo es luz, todo es claro y todo se convierte en luz. 

En esta luz yo esperaba, extasiada, estrechar entre mis brazos a mi pequeño Jesús y apenas salió de mi seno yo escuché sus primeros gemidos amorosos y el ángel del Señor me lo entregó poniéndolo entre mis brazos y yo lo estreché fuertemente a mi Corazón y le di mi primer beso y el pequeño Jesús me dio el suyo.

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

OCTAVA HORA

El amor mendicante, gimiente y suplicante.

"Hija mía, no me dejes solo, apoya tu cabeza sobre el seno de mi amada Mamá, porque también desde afuera oirás mis gemidos, mis súplicas, y viendo que ni mis gemidos ni mis súplicas mueven a compasión de mi Amor a la criatura, me pongo en actitud del más pobre de los mendigos y extendiendo mi pequeña manita, pido por piedad, al menos a título de limosna sus almas, sus afectos y sus corazones. Mi Amor quería vencer a cualquier costo el corazón del hombre, y viendo que después de siete excesos de mi Amor permanecía reacio, se hacía el sordo, no se ocupaba de Mí ni se quería dar a Mí, mi Amor quiso ir más allá, debería haberse detenido, pero no, quiso salir más allá de sus límites y desde el seno de mi Mamá Yo hacía llegar mi voz a cada corazón con los modos más insinuantes, con los ruegos más fervientes, con las palabras más penetrantes. ¿Pero sabes qué les decía? "Hijo mío, dame tu corazón, todo lo que tú quieras Yo te daré con tal de que me des a cambio tu corazón, he descendido del Cielo para tomarlo, ¡ah, no me lo niegues! ¡No defraudes mis esperanzas!" 

Y viéndolo reacio y que muchos me volteaban la espalda, pasaba a los gemidos, juntaba mis pequeñas manitas y llorando, con voz sofocada por los sollozos le añadía: "¡Ay, ay! soy el pequeño mendigo, ¿ni siquiera de limosna quieres darme tu corazón?" ¿No es esto un exceso más grande de mi Amor, que el Creador para acercarse a la criatura tome la forma de un pequeño niño para no infundirle temor, y pida al menos como limosna el corazón de la criatura, y viendo que ella no se lo quiere dar ruega, gime y llora?" 

Después me decía: "¿Y tú no quieres darme tu corazón? ¿Tal vez también tú quieres que gima, que ruegue y llore para que me des tu corazón? ¿Quieres negarme la limosna que te pido?" 

Y mientras esto decía oía como si sollozara, y yo le dije: "Mi Jesús, no llores, te dono mi corazón y toda yo misma." Entonces la voz interna continuaba: "Sigue más adelante, y pasa al noveno exceso de mi Amor."

MEDITACIÓN Y ORACIÓN DEL OCTAVO EXCESO DE AMOR
El Anuncio del Reino

Jesús, vida de mi pobre corazón, tu amor no se detiene y  por eso regresas al Templo para darles a los pueblos el pan de tu divina palabra.

Mientras los grandes, los doctos no quieren reconocerte, he aquí que una muchedumbre de pobres, de ignorantes y de afligidos enfermos se estrecha en torno a ti, atraída por tus modos afables y dulces, por tu voz arrebatadora.

Mientras tú hablas ellos sienten que les hieres el corazón. Una vena de felicidad se abre en tu Corazón porque sientes que al menos puedes consolar, instruir y sanar a quienes son considerados el desecho de la sociedad; de este modo llegas a ser el amigo, el maestro, el médico piadoso de los pobres; para todos tienes palabras de alivio y no desprecias el tocarles sus miembros enfermos para sanarlos.

Jesús mío, tu Corazón paternal se siente oprimido fuertemente por el dolor de ver tantas miserias humanas, por eso vas sembrando milagros para llamar a tu Divina Voluntad a reinar entre las criaturas.

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

SÉPTIMA HORA

El Amor no correspondido y herido por la ingratitud de las criaturas.

La voz interior continuaba: 

"Hija mía, no me dejes solo en tanta soledad y en tanta oscuridad, no salgas del seno de mi Mamá para que veas el séptimo exceso de mi Amor. Escúchame, en el seno de mi Padre Celestial Yo era plenamente feliz, no había bien que no poseyera, alegría, felicidad, todo estaba a mi disposición; los ángeles reverentes me adoraban y estaban a mis órdenes. Ah, el exceso de mi Amor, podría decir que me hizo cambiar fortuna, me restringió en esta tétrica prisión, me despojó de todas mis alegrías, felicidad y bienes para vestirme con todas las infelicidades de las criaturas, y todo esto para hacer el cambio, para dar a ellas mi fortuna, mis alegrías y mi felicidad eterna. Pero esto habría sido nada si no hubiera encontrado en ellas suma ingratitud y obstinada perfidia. 

Oh, cómo mi Amor eterno quedó sorprendido ante tanta ingratitud y lloró la obstinación y perfidia del hombre. La ingratitud fue la espina más punzante que me traspasó el corazón desde mi concepción hasta el último instante de mi vida, hasta mi muerte. Mira mi corazoncito, está herido y gotea sangre. ¡Qué pena! ¡Qué dolor siento! Hija mía, no seas ingrata; la ingratitud es la pena más dura para tu Jesús, es cerrarme en la cara las puertas para dejarme afuera, aterido de frío. Pero ante tanta ingratitud mi Amor no se detuvo y se puso en actitud de amor suplicante, orante, gimiente y mendigante, y este es el octavo exceso de mi Amor."

MEDITACIÓN Y ORACIÓN DEL SÉPTIMO EXCESO DE AMOR
La Crucifixión

Padre Santo, mírame, aquí estoy, cargado de todos los pecados del mundo; no hay culpa que no recaiga sobre mí. Por eso, ya no descargues sobre los hombre los flagelos de tu divina justicia, sino sobre mí, tu Hijo, Padre mío, detén tu furor contra la pobre humanidad; están ciegos y no saben lo que  hacen.

Por eso, obsérvame bien y mira cómo he quedado reducido. Si no te mueves a compasión por la mísera humanidad, que te enternezca al menos mi rostro cubierto de salivazos y sangre, amoratado e hinchado por tantas bofetadas y golpes recibidos.
¡Piedad, Padre mío! Yo era el más bello de los hijos de los hombres, y ahora estoy tan desfigurado que no me reconozco, me he convertido en el último de todos los hombres. Por eso, ¡a cualquier precio quiero salvar a la criatura!

¡Mujer, he ahí a tu hijo!

¡He ahí a tu Madre!

¡Padre, en tus manos entrego mi espíritu!

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

SEXTA HORA

El Amor sofocado y confinado en las tinieblas del pecado y de la ingratitud.

"Hija mía, ven, ruega a mi amada Mamá que te haga un lugarcito en su seno materno, a fin de que tú misma veas el estado doloroso en el cual me encuentro."

Entonces me parecía con el pensamiento, que nuestra Reina Mamá, para contentar a Jesús me hacía un pequeño lugar y me ponía dentro. Pero era tal y tanta la oscuridad que no lo veía, sólo oía su respiro y Él en mi interior seguía diciéndome:

"Hija mía, mira otro exceso de mi Amor. Yo soy la luz eterna, el sol es una sombra de mi luz, pero ve adonde me ha conducido mi Amor, en qué oscura prisión estoy, no hay ni un rayo de luz, siempre es noche para Mí, pero noche sin estrellas, sin reposo, siempre despierto, ¡qué pena!, la estrechez de la prisión, sin poderme mínimamente mover, las tinieblas tupidas; hasta el respiro, respiro por medio del respiro de mi Mamá, ¡oh, cómo es cansado! Y además agrega las tinieblas de las culpas de las criaturas, cada culpa era una noche para Mí, las que uniéndose juntas formaban un abismo de oscuridad sin confines. ¡Qué pena! ¡Oh exceso de mi Amor, hacerme pasar de una inmensidad de luz, de amplitud, a una profundidad de densas tinieblas y de tales estrechuras, hasta faltarme la libertad del respiro, y esto, todo por amor de las criaturas!"

Y mientras esto decía gemía con gemidos sofocados por falta de espacio, y lloraba. Yo me deshacía en llanto, le agradecía, lo compadecía, quería hacerle un poco de luz con mi amor como Él me decía, ¿pero quién puede decirlo todo? La misma voz interna agregaba:

"Basta por ahora. Pasa al séptimo exceso de mi Amor."

MEDITACIÓN Y ORACIÓN DEL SEXTO EXCESO DE AMOR
La Transfiguración

Hija Mía. En cuanto surge mi Voluntad, todos los actos humanos quedan investidos de luz, toman su puesto de honor en mi Voluntad, cada uno recibe su especial tinte de belleza y la vivacidad de los colores divinos, de modo que el alma queda transfigurada y cubierta de una belleza indescriptible.

Conforme surge el Sol de mi Voluntad pone en fuga todos los males del alma, quita el sopor que han producido las pasiones, es más, ante la Luz del Fiat Divino, las mismas pasiones besan aquella Luz y ambicionan convertirse en virtudes para hacer homenaje a mi entera Voluntad. (Vol. 21, Marzo 22, 1927).

Por fin, contemplando a Cristo y a su Madre en la gloria, ve la meta a la que cada uno de nosotros está llamado, si se deja sanar y transfigurar por el Espíritu Santo. De este modo, se puede decir que cada misterio del Rosario, bien meditado, ilumina el misterio del hombre. (Carta Apostólica Rosarium Vergine María (25) S.S. Juan Pablo II).

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

QUINTA HORA


El Amor abandonado en amarga soledad


Entonces la voz interior seguía: "Hija mía, no te alejes de Mí, no me dejes solo, mi Amor quiere compañía, este es otro exceso de mi Amor, el no querer estar solo. ¿Pero sabes tú de quién quiere esta compañía? De la criatura.


Mira, en el seno de mi Mamá, conmigo están todas las criaturas concebidas junto conmigo. Yo estoy con ellas todo amor, quiero decirles cuánto las amo, quiero hablar con ellas para decirles mis alegrías y mis dolores, para decirles que he venido en medio de ellas para hacerlas felices, para consolarlas, y que estaré en medio de ellas como un hermanito dando a cada una todos mis bienes, mi reino, a costa de mi muerte; quiero darles mis besos, mis caricias; quiero entretenerme con ellas, pero, ay, cuántos dolores me dan, quien me huye, quien se hace la sorda y me reduce al silencio, quien desprecia mis bienes y no se preocupan de mi reino y corresponden mis besos y caricias con el descuido y el olvido de Mí, y mi entretenimiento lo convierten en amargo llanto. ¡Oh, cómo estoy solo a pesar de estar en medio de tantos! 


¡Oh, cómo me pesa mi soledad! No tengo a quién decir una palabra, con quién hacer un desahogo de amor; estoy siempre triste y taciturno porque si hablo no soy escuchado. ¡Ah, hija mía, te pido, te suplico que no me dejes solo en tanta soledad! Dame el bien de hacerme hablar con escucharme, presta oídos a mis enseñanzas, Yo soy el maestro de los maestros. Cuántas cosas quiero enseñarte, si me escuchas me harás dejar de llorar y me entretendré contigo. ¿No quieres tú entretenerte conmigo?


MEDITACION Y ORACIÓN DEL QUINTO EXCESO DE AMOR  
La Agonía

En este Huerto todo es terror; todo es espanto y silencio profundo…. Pero, ¡Qué cambio tan terrible! Por eso me abrazo a sus pies y  haciéndome más audaz, me acerco a sus brazos, le pongo mi mano en la frente para sostenerlo, y en voz baja lo llamó: ¡Jesús, Jesús!

Y él: Hijo, ¿estás aquí? Te estaba esperando, y ésta era la tristeza que más me oprimía: el completo abandono de todos; y te estaba esperando a ti para hacer que fueras espectador de mis penas y que bebieras junto conmigo el cáliz de las amarguras que mi Padre Celestial me enviará dentro de poco por medio de un ángel; lo tomaremos juntos poco a poco, porque no será un cáliz de consuelo, sino de intensa amargura, y siento la necesidad de que algún alma que verdaderamente me ame beba de él al menos alguna gota…


Es por eso que te he llamado, para que tú la aceptes y compartas conmigo mis penas y para que me asegures que no me vas a dejar solo en tanto abandono.


1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria


JACULATORIA:


Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.


CUARTA HORA


El Amor operante, que le renueva desde el primer instante las penas de la Pasión. 

"Hija mía, del amor devorante pasa a mirar mi amor obrante. Cada alma concebida me llevó el fardo de sus pecados, de sus debilidades y pasiones, y mi Amor me ordenó tomar el fardo de cada uno, y no sólo concebí a las almas sino las penas de cada una, las satisfacciones que cada una de ellas debía dar a mi Celestial Padre. Así que mi Pasión fue concebida junto conmigo. Mírame bien en el seno de mi Celestial Mamá, oh como mi pequeña Humanidad era desgarrada, mira bien como mi pequeña cabecita está circundada por una corona de espinas, que ciñéndome fuerte las sienes me hace derramar ríos de lágrimas de los ojos, y no puedo moverme para secarlas. Ah, muévete a compasión de Mí, sécame los ojos de tanto llanto, tú que tienes los brazos libres para podérmelo hacer. Estas espinas son la corona de los tantos pensamientos malos que se agolpan en las mentes humanas, oh, como me pinchan más estos pensamientos que las espinas que produce la tierra, pero mira qué larga crucifixión de nueve meses, no podía mover ni un dedo, ni una mano, ni un pie, estaba aquí siempre inmóvil, no había lugar para poderme mover un poquito, qué larga y dura crucifixión, con el agregado de que todas las obras malas, tomando forma de clavos, me traspasaban manos y pies repetidamente."

Y así continuaba narrándome pena por pena todos los martirios de su pequeña Humanidad, y que quererlas decir todas sería demasiado extenso. Entonces yo me abandonaba al llanto, y oía decir en mi interior:

"Hija mía, quisiera abrazarte pero no lo puedo hacer, no hay espacio, estoy inmóvil, no lo puedo hacer; quisiera ir a ti pero no puedo caminar. Por ahora abrázame y ven tú a Mí, y después cuando salga del seno materno iré Yo a ti."

Pero mientras con mi fantasía me lo abrazaba, me lo estrechaba fuertemente a mi corazón, una voz interior me decía:

"Basta por ahora hija mía, y pasa a considerar el quinto exceso de mi Amor."

MEDITACION Y ORACIÓN DEL CUARTO EXCESO DE AMOR 
La coronación de espinas

Coronado Jesús mío, tus crueles enemigos hacen que te sientes, te echan encima un trapo viejo de púrpura, toman la corona de espinas y con furia infernal te la ponen sobre tu cabeza, y con un palo, a base de golpes, hacen que las espinas penetren sobre tu frente, y parte de ellas se te clavan hasta en los ojos, en los oídos, en el cráneo y hasta por detrás de la nuca.

Amor mío, ¿qué pena tan desgarradora e indescriptibles! ¡Cuántas muertes tan crueles sufres! Tu sangre corre sobre tu rostro, de manera que ya no se ve más que sangre; pero bajo esas espinas y esa sangre se puede ver todavía tu rostro santísimo, radiante de dulzura, de paz y de amor.

Y los verdugos, queriendo concluir la tragedia, te vendan los ojos, te ponen en la mano una caña como si fuera un cetro y dan inicio a sus burlas. Te saludan cual Rey de los judíos, te golpean la corona, te dan de bofetadas y dicen:

Adivina, ¡quién te ha golpeado? 

Y tú callas….

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

TERCERA HORA

El Amor devorador.

De la segunda meditación pasaba a la tercera y una voz interior me decía:

"Hija mía, apoya tu cabeza sobre el seno de mi Mamá, mira dentro de él a mi pequeña Humanidad. Mi Amor me devoraba, los incendios, los océanos, los mares inmensos del Amor de mi Divinidad me inundaban, me incineraban, levantaban tan alto sus llamas que se elevaban y se extendían por doquier, a todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, y mi pequeña Humanidad era devorada en medio de tantas llamas, ¿pero sabes tú qué cosa me quería hacer devorar mi eterno Amor? ¡Ah, a las almas! Y sólo estuve contento cuando las devoré todas, quedando todas concebidas conmigo; era Dios, debía obrar como Dios, debía tomarlas a todas; mi Amor no me habría dado paz si hubiera excluido a alguna. Ah hija mía, mira bien en el seno de mi Mamá, fija bien los ojos en mi Humanidad recién concebida y en Ella encontrarás a tu alma concebida conmigo y también las llamas de mi Amor que te devoraron. ¡Oh, cuánto te he amado y te amo!"

MEDITACION Y ORACIÓN DEL TERCER EXCESO DE AMOR 
La Anunciación

¡Ave, oh María, Reina nuestra! El Fiat Divino te ha llenado de gracia. El Verbo Divino ha ya pronunciado su Fiat y quiere venir, ya está detrás de mí; pero quiere tu Fiat para darle cumplimiento a su Fiat.

A un anuncio tan grande y tan anhelado por mí -aunque jamás había pensado que yo iba a ser la elegida-, me quedé asombrada y vacilé por un instante, pero el ángel del Señor me dijo:

¡No temas, Reina nuestra! ¡Tú has hallado gracia ante Dios! ¡Has vencido a tu Creador! Por eso para darle cumplimiento a la victoria pronuncia tu Fiat.

Yo pronuncié mi Fiat y, ¡oh, qué maravilla! Los dos Fiat se fundieron en uno sólo y el Verbo Divino descendió en mí; mi Fiat, que tenía el mismo valor que el Fiat Divino, formó con el germen de mi humanidad, la pequeña humanidad que iba a encerrar al Verbo Eterno, cumpliéndose así el gran prodigio de la Encarnación.

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

SEGUNDA HORA


Jesús en el seno de su Madre Santísima.
El Amor que lo reduce a la estrechez y a la inmovildad.

Mi mente entonces se transportaba al seno materno de su Madre Santísima y yo quedaba estupefacta al considerar a aquel Dios tan grande en el cielo y ahora, sin embargo, tan anonadado, empequeñecido y restringido, que no podía moverse y casi ni siquiera respirar. La voz interior me decía:

"¿Ves cuánto te he amado? ¡Ah! dame un lugar en tu corazón, quita todo lo que no es mío, porque así me darás más facilidad para poderme mover y respirar." 

Mi corazón se deshacía, le pedía perdón, prometía ser toda suya, me desahogaba en llanto, sin embargo, lo digo para mi confusión, volvía a mis habituales defectos. ¡Oh! Jesús, cuán bueno has sido con esta miserable criatura.

MEDITACION Y ORACIÓN DEL SEGUNDO EXCESO DE AMOR 
La Institución de la Sagrada Eucaristía

Me parece sentir que me susurras al oído: Hija mía, mi amor siente necesidad de tu compañía; mis enemigos, envidiosos por los gritos de alabanza de las muchedumbres, buscan quitarme la vida, y por eso, antes de morir, quiero instituir el Sacramento de la Eucaristía, para dejar un último recuerdo del intenso amor que nutro por mis hijos y para poder quedarme para siempre con ellos. 

¡Aprovecha este don mío para pedirme sin interrupción mi Fiat Divino!

¡Oh Jesús mío!, quiero que mi te amo no te abandone jamás y que sea eterno junto contigo; por eso lo dejo con mi “ te adoro, te bendigo, te doy gracias”, en cada hostia sacramental, en cada lágrima secreta que derramas en cada partícula consagrada, en cada ofensa que recibes y en las reparaciones que cumples, para pedir junto contigo que el Reino de la Divina Voluntad reine y domine en el cielo así en la tierra.

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA:

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

PRIMERA HORA


Jesús en el seno del Padre.
El Decreto de la Encarnación.

Como por ejemplo, en una hora me ponía con el pensamiento en el paraíso y me imaginaba a la Santísima Trinidad: Al Padre que mandaba al Hijo a la tierra, al Hijo que prontamente obedecía al Querer del Padre, y al Espíritu Santo que consentía en ello. Mi mente se confundía tanto al contemplar un misterio tan grande, un amor tan recíproco, tan igual, tan fuerte entre Ellos y hacia los hombres, y en la ingratitud de estos, especialmente la mía, que en esto me habría quedado no una hora sino todo el día, pero una voz interna me decía: 

"Basta, ven y mira otros excesos más grandes de mi Amor."

MEDITACION Y ORACIÓN DEL PRIMER EXCESO DE AMOR 
Las Bodas de Caná

Jesús, amor mío y vida mía, veo que antes de dar inicio a tu vida pública el amor de tu Corazón te conduce a asistir junto con tu Madre a las bodas de Caná y por lo tanto te sigo con mi te amo.

Tu corazón late de ternura pues recuerda haber bendecido otras bodas en el paraíso terrenal: las de Adán inocente. Más aún, fueron bodas dobles a las que asististe entonces: las bodas entre la Divina Voluntad y la humana, y las bodas entre el hombre y la mujer, a los cuales les dabas por dote la creación y sobretodo la Divina Voluntad, palpitante en sus corazones y en cada cosa creada. 

¡Oh Jesús mío!, quiero ponerme cerca de ti para revestir tu dulce mirada, tu voz melodiosa, tus fascinantes modos con mi “te amo, te bendigo, te adoro, te doy gracias”; por aquel amor que te impulsó a ceder a la súplicas de la Reina Soberana, te ruego que quieras cumplir el gran milagro de transformar la voluntad humana en Voluntad Divina y así pueda reinar como en el cielo así en la tierra.

1 Padre Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria

JACULATORIA

Jesús mío, ábreme el corazón y enciérrate en él 

para que sienta más Tu Vida que la mía.

viernes, 23 de noviembre de 2018

DE LUISA PICARRETA OFICIAL NOVENA DE NAVIDAD

Novena de Navidad
Los "nueve excesos" que llevaron a Jesús a encarnarse

“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14) y el pensamiento se dirige de inmediato a la Navidad ya cercana, al deseo de vivir, siempre con emociones nuevas, el día en que Dios se ha hecho visible para los hombres, en la forma del Niño.

Sabemos muy bien que el Tiempo del Adviento es el momento de gracia para prepararnos espiritualmente al Evento, teniendo mucho cuidado de centrarnos en la concepción del Santo Niño, en Su Encarnación.

“Yo soy la servidora del Señor: que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1,38) es el Fiat de María, mujer “insignificante” a los ojos de sus contemporáneos, sin la cual la Santísima Trinidad no podría descender la Palabra y dar lugar a la Redención.

María, poseyendo la Voluntad Divina, había hallado gracia delante de Dios e iba a ser la casa perfecta para que se cumpliera el prodigio de la Encarnación: la Santísima Trinidad dejada de lado la Justicia y revestida con el manto de la Misericordia, volcó en Ella nuevo exceso de amor para formar en Su seno, a través del encuentro de los dos Fiat, a la criatura que tendría que salvar a la humanidad.

Luisa, desde los 17 años, se preparaba espiritualmente para la fiesta de la Navidad, contemplando y meditando, durante la Novena (del 16 al 24 de diciembre), justo en los excesos de Amor que llevaron a Jesús a encarnarse:

Ellos son el primer paso hacia el conocimiento del Reino de la Divina Voluntad. Contienen el amor y la gracia, ya que proceden directamente de la fuente de Su amor. Son llamas vivas de Su amor que se elevan para crear nuevo amor con el que vence a las criaturas.

Es, entonces, un Amor que se renueva y se multiplica cada vez que llena nuevos corazones.

Ellos constituyen el escriño que contiene todo el valor de la Encarnación: con ésta, Jesús llega para divinizar a la humanidad, para redimirla y, cargándose con todos los pecados desde Su concepción, llega para encarnar Su Divinidad en la Cruz, comenzando así Su larga Vía Crucis, que pero termina con el triunfo del Amor!

Luisa, entonces, recorría cada año todas las fases del misterio de la Encarnación, meditando y honrando los nueve meses en los que Jesús estaba en el vientre materno de María, en el orden siguiente que mencionamos brevemente:

Exceso Primero, Amor Trinitario:

El Ángel trae a María el anuncio que la Santísima Trinidad está enviando en la tierra al Hijo del Hombre, que obedece con prontitud a la Voluntad del Padre, y que Ella, con la acción del Espíritu Santo, es la depositaria de este misterio y los bienes que vendrán.

Exceso Segundo, Amor Humilde:

Dios, grande e infinito, baja del Cielo y va a aprisionarse en el seno de una mujer. Permanecerá allí durante nueve meses, pero Su Divinidad permanecerá encarcelada en Su Humanidad, durante 33 años, y después en la Eucaristía.

Exceso Tercero, Amor Devorador:

Llamas de Amor que se elevan para extenderse a todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre. Mares (de amor) sin límites en los que las almas pueden nadar libremente.

Exceso Cuarto, Amor Operante: 

Jesús apenas “concebido” acoge sobre sí mismo a todas las almas y el peso (pecados, ingratitudes, pasiones) de cada una. Así comenzó Su Pasión. Su cabecita ya percibe las picaduras de las espinas que coronarán Su cabeza y Su inmovilidad en el vientre materno anticipa su crucifixión.

Exceso Quinto, Amor Solitario:

Dios obligado, a pesar de varios recordatorios, a estar solo. Querría hablar con cada alma para comunicarle y volcarle todo Su amor, pero por desgracia está silenciado. Bajó del Cielo para estar en Su compañía y muy pocas son las que aceptan Su llegada, que comparten Sus alegrías, Sus gemidos.

Exceso Sexto, Amor Reprimido: 

Apretado en la cárcel y en la oscuridad del vientre materno, Jesús no puede manifestar Su Amor, Su Luz. A Su alrededor, todo es oscuridad y los pecados de las criaturas añaden nueva oscuridad en la que está obligado a permanecer.

Exceso Séptimo, Amor Suplicante:

La ingratitud del hombre es la espina más punzante para Dios, su Creador. Sin embargo, Su obstinación no contiene Su amor de crear nuevas salidas con actitudes implorantes.

Exceso Octavo, Amor Mendigo:

Aunque las súplicas no disuadan la criatura para que ame a Dios, Él no deja de cuidar de ella y para vencerla pasa a un exceso mayor, pasa a pedir un poco de amor, a mendigar, justo como lo haría un pobre en la carretera.

Exceso Noveno, Amor Ganador:

El Amor será finalmente victorioso. Incluso arriesgando esperar siglos, Dios permanece fiel a Sí mismo y seguirá asaetando corazones con los rayos de la dulzura y la ternura. Conquistará a la criatura y el Reino de Su Divina Voluntad triunfará.

Dejémonos, entonces, involucrar y, aprovechando una vez más de este tiempo propicio, dispongámonos a pronunciar con valor y fe nuestro Sí, exactamente como María con Su Fiat y Jesús con Su Aquí estoy, así que se realice el proyecto que el Padre Celestial tiene para cada uno de nosotros en particular y para la humanidad en general, conscientes de que todos estamos llamados a cumplir nuestro deber cristiano: anunciar el Reino de Dios para la salvación de las almas.

Virgen y Madre María,
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí»
ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.
(de Evangelii Gaudium de Papa Francisco)

FIAT!

miércoles, 21 de noviembre de 2018

NOVENA DE LA SANTA NAVIDAD. LA PASIÓN DE NUEVE MESES QUE JESÚS SUFRIÓ EN EL SENO DE SU MADRE SANTÍSIMA. ORACIONES



INICIO DE LA NARRACIÓN







En una Novena de la Santa Navidad, a la edad de
diecisiete años me preparé para la fiesta de la Santa Navidad practicando diferentes actos de virtud y mortificación, honrando especialmente los nueve meses que Jesús estuvo en el seno materno con nueve horas de meditación al día, referentes siempre al misterio de la Encarnación. 


Por la señal de la Santa Cruz †


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo.



 INVOCACIÓN A LOS SANTOS ÁNGELES 

EN LA DIVINA VOLUNTAD


Venid Santos Ángeles, tocad la frente de quienes leen los escritos de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, para sellar en sus frentes el Espíritu Santo, y así infundir en ellos la luz para que puedan comprender las verdades y el bien que estos escritos contienen.


Luz de la sabiduría eterna, revélanos el gran misterio de Dios Padre y del Hijo unidos en un solo amor. Amén


ORACIÓN INICIAL


Oh buen Jesús, te damos gracias porque nos llamas a la unión contigo por medio de la oración. Te pedimos nos concedas la gracia de tu Espíritu, y la compañía de Maria nuestra Madre para orar como conviene. Queremos unirnos a Ti y en tu adorable Voluntad rezar esta Santa Novena.


Haz que meditemos, conservando amorosamente en nuestro corazón, el infinito tesoro de tu Vida, de todos tus actos y los de nuestra Madre Celestial, al acompañarte en estas Horas.


Queremos sellar todos tus actos con nuestro pequeño “Te amo, te adoro, te bendigo, te agradezco, por mí y por todos” de modo que en todos ellos encuentres nuestra amorosa compañía, y hecho esto, es nuestra intención pedir a Dios nuestro Padre junto contigo, con nuestra Madre del Cielo, con todos los Ángeles y santos y con toda la Creación, que “Venga tu Reino, y que tu Voluntad se haga en la tierra como en el Cielo”. 

Amén


ACTO DE CONTRICIÓN


Dios mío, perdóname; yo tuve la osadía de ofenderte y de rebelarme contra ti, en el mismo instante en que tú me amabas.


Me arrepiento de todo Corazón de haberte ofendido.


Te ruego, te suplico que me concedas tu amargura, a fin de poder dolerme con ese mismo dolor con el que tú te doliste por mis pecados; dolor tan grande e intenso que te hizo sudar sangre.


Madre Celestial, alcánzame de tu Jesús  el suspirado perdón.


Yo propongo y prometo del modo más enérgico y absoluto nunca mas volver a pecar. Amén.


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ORACIÓN


Virgen y Madre María,

tú que, movida por el Espíritu,

acogiste al Verbo de la vida

en la profundidad de tu humilde fe,

totalmente entregada al Eterno,

ayúdanos a decir nuestro «sí»

ante la urgencia, más imperiosa que nunca,

de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.


(de Evangelii Gaudium de Papa Francisco)


ORACIÓN FINAL


Dulce Jesús mío, unido estrechamente a ti quiero darte el testimonio de mi amor, de mi agradecimiento y de todo lo que la criatura tiene el deber de hacer para contigo, por haber tú creado a nuestra Reina y Madre Inmaculada; la más bella, la más santa, un portento de la gracia, por haberla enriquecido de todos los dones y también por haberla hecho Madre nuestra.


Esto lo hago a nombre de todas las criaturas pasadas, presentes y futuras; quiero tomar cada acto de criatura, cada palabra, cada pensamiento, cada latido y cada paso, y en cada uno de ellos decirte que te amo, te doy gracias, te bendigo, te adoro, por todo lo que has obrado en mi Madre Celestial y Madre tuya.


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo. Amen.


En la Voluntad de Dios, siempre.


Conclusión de la Novena


Y así pasaba la segunda hora del día, y después, poco a poco el resto, que decirlo todo sería aburrir. Y esto lo hacía a veces de rodillas y cuando era impedida a hacerlo por la familia, lo hacía aun trabajando, porque la voz interna no me daba ni tregua ni paz si no hacía lo que quería, así que el trabajo no me era impedimento para hacer lo que debía hacer. Así pasé los días de la novena; cuando llegó la víspera me sentía más que nunca encendida por un insólito fervor, estaba sola en la recámara cuando se me presenta delante el niño Jesús, todo bello, sí, pero titiritando, en actitud de quererme abrazar, yo me levanté y corrí para abrazarlo, pero en el momento en que iba a estrecharlo desapareció, esto se repitió tres veces. 


Quedé tan conmovida y encendida de amor, que no sé explicarlo; pero después de algún tiempo no lo tomé más en cuenta y no se lo dije a nadie; de vez en cuando caía en las acostumbradas faltas. La voz interna no me dejó nunca más, en cada cosa me reprendía, me corregía, me animaba, en una palabra, el Señor hizo conmigo como un buen padre con un hijo que tiende a desviarse, y él usa todas las diligencias, los cuidados para mantenerlo en el recto camino, de modo de formar de él su honor, su gloria, su corona. Pero, ¡oh! Señor, demasiado ingrata te he sido.



VOLUMEN 11, 123 Y 124

 0:22 buenas noches queridos amigos bienvenidos a su programa libro del cielo 0:28 estamos en el libro 11 ahora nos toca la lectura 123 está...