El Amor
agonizante que quiere ser vencedor.
"Hija
mía, mi estado es siempre más doloroso; si me amas, tu mirada tenla fija en Mí
para que veas si puedes dar a tu pequeño Jesús algún consuelo, una palabrita de
amor, una caricia, un beso, que dé tregua a mi llanto y a mis aflicciones.
Escucha hija mía, después de haber dado ocho excesos de mi Amor, y que el
hombre tan malamente me correspondió, mi Amor no se dio por vencido, y al
octavo exceso quiso agregar el noveno, y este fueron las ansias, los suspiros
de fuego, las llamas de los deseos de que quería salir del seno materno para
abrazar al hombre, y esto reducía a mi pequeña Humanidad aun no nacida a una
agonía tal, que estaba a punto de dar mi último respiro. Y mientras
estaba por darlo, mi Divinidad que era inseparable de Mí me daba sorbos de
vida, y así retomaba de nuevo la vida para continuar mi agonía y volver a morir
nuevamente. Este fue el noveno exceso de mi Amor, agonizar y morir
continuamente de amor por la criatura. ¡Oh, qué larga agonía de nueve meses!
¡Oh, cómo el amor me sofocaba y me hacía morir! Y si no hubiera tenido la
Divinidad conmigo, que me daba continuamente la vida cada vez que estaba por
morir, el amor me habría consumado antes de salir a la luz del día."
Después
agregaba: "Mírame, escúchame como agonizo, como mi pequeño corazón late,
se afana, arde; mírame, ahora muero."
Y hacía un
profundo silencio. Yo me sentía morir, se me helaba la sangre en las venas y
temblando le decía: "Amor mío, Vida mía, no mueras, no me dejes sola. Tú
quieres amor y yo te amaré, no te dejaré más, dame tus llamas para poderte amar
más y consumarme toda por Ti."
MEDITACIÓN
Y ORACIÓN DEL NOVENO EXCESO DE AMOR
El
Nacimiento
El pequeño
Jesús, delirante de amor, está a punto de salir a la luz del día; sus ansias,
sus ardientes suspiros y sus deseos de querer abrazar a la criatura, de hacerse
ver y de mirarla para cautivarla, no le dan reposo; y como un día se puso a la
vigía a las puertas del cielo para encerrarse en mi seno, así ahora está en
acto de ponerse a la vigía a las puertas de mi seno, que es más que cielo, y el
sol del Verbo Eterno surge en medio al mundo y forma en él su pleno mediodía
De manera
que para las pobres criaturas ya no habrá noche, ni alba, ni aurora, sino
siempre sol, más aún que en la plenitud del mediodía.
Hija mía,
para quien vive de Voluntad Divina todo es luz, todo es claro y todo se
convierte en luz.
En esta luz
yo esperaba, extasiada, estrechar entre mis brazos a mi pequeño Jesús y apenas
salió de mi seno yo escuché sus primeros gemidos amorosos y el ángel del Señor
me lo entregó poniéndolo entre mis brazos y yo lo estreché fuertemente a mi
Corazón y le di mi primer beso y el pequeño Jesús me dio el suyo.
1 Padre
Nuestro, Diez “Ave Maria” y Gloria
JACULATORIA:
Jesús mío,
ábreme el corazón y enciérrate en él
para que
sienta más Tu Vida que la mía.







